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Hija del reputado cineasta iraní Mohsen Makhmalbaf, la joven Hana irrumpió en el pasado festival de San Sebastián como un vendaval. Sus 18 años parecían reñir con la madurez que requiere un proyecto de envergadura, pero ?Buda explotó por vergüenza? rebosa sensibilidad y delicadeza. Una agradable sorpresa que ganó el premio del jurado del Zinemaldia y la simpatía del público, colocando de nuevo a la mítica escuela de cine de Teherán, dirigida por Mohsen, en el centro de las miradas.
?Buda explotó por vergüenza? narra la terca obsesión de una niña afgana de seis años por ir al colegio para aprender a leer y escribir, como hace su envidiado vecino. Viven en un poblado ubicado bajo las ruinas de las colosales estatuas de Buda destruidas por los talibanes. En su búsqueda de un cuaderno y de una escuela, en una zona repleta de cuevas y terrenos polvorientos, la chiquilla descubre con sus ojazos negros la realidad de un pueblo marcado por un eterno conflicto.
Un lugar en el que los críos juegan a la guerra, como en tantas partes, pero donde también simulan lapidaciones y secuestros con una inocente crueldad que provoca escalofríos. Rodada con cierta mirada infantil, la historia, filmada cámara al hombro y con escasos medios, avanza con elogiable sencillez, aunque es previsible que no tarde en desaparecer de la cartelera.
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