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Burt Munro: un sueño, una leyenda

Autor crítica: O. L. BELATEGUI

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The Worlds Fastest Indian (La moto Indian más veloz del mundo) clausuró el pasado Zinemaldia ante el escepticismo de los críticos. ¿Un telefilme dulzón basado en una historia real, dirigido para más inri por el ubicuo Roger Donaldson? De acuerdo, el director de Cocktail, No hay salida y Un pueblo llamado Dantes Peak siempre se ha limitado a despachar con corrección vehículos al servicio de la estrella de turno. Pero en su última obra pone algo más de oficio y cariño.

Para empezar, Burt Munro: Un sueño, una leyenda, su empalagoso título en castellano, se basa en la crónica verídica de un chalado encantador que consagró cuatro décadas de su vida a mimar y mejorar una moto de los años 20. Anthony Hopkins borda el retrato de un hombre expansivo y vitalista, un seductor de mujeres maduras que superó sus achaques y dejó Nueva Zelanda para volar sobre ruedas en el desierto de Utah. Donaldson saca provecho de los paisajes lunares y filma con sentido del espectáculo las intentonas de récord del protagonista, marcas, por cierto, que todavía nadie ha superado.

Además, Burt Munro supone un regreso a los orígenes del cineasta australiano, que ha rodado fuera de los estudios esta historia emocionante y hermosa después del fracaso de La prueba, con Al Pacino y Colin Farrell. Donaldson ya firmó en 1972 Offerings to the God of Speed, un documental sobre el auténtico Burt Munro, que murió en 1978.

Durante dos décadas recibió ofertas para reescribir el guión y convertir su bizarra existencia en una odisea en la línea de Rocky. Que se haya decidido finalmente a rodarla en Nueva Zelanda tras hacer carrera en Hollywood no deja de resultar una gozosa ironía: la mentalidad del personaje es también la de un país sin cortapisas burocráticas.

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