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Camarón

Autor crítica: E. RODRÍGUEZ MARCHANTE

Valoración del crítico:

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Parecía una empresa imposible: recrear en cine la figura y la vida de Camarón, alguien que traspasó en vida los umbrales de una razonable admiración y que, tras su muerte, quedó instalado en el sillón más confortable del Olimpo. El inclasificable director Jaime Chávarri asumió semejante proyecto sin duda imposible. Bueno, ahí está: hecho con una dignidad, con un alto sentido de la historia que quiere contar y con una notable dosis de fortuna. La fortuna se ve en el corte de su protagonista, Óscar Jaenada, tan pegado en traza, cuerpo y alma al original que hace posible la novelación del canapé y que uno se lo trague de un bocado. Hasta el propio Camarón se hubiera quedado lívido ante el duende y la picardía del actor. El buen sentido narrativo de Chávarri lo lleva a no pretender milagrerías: elige puntos señalados de su biografía, notas al vuelo, impresiones, pinceladas y todo ello dentro de un aire novelesco, un punto por debajo de lo épico, más cercano al romancero, para dejar hecho un retrato entre sincero y verídico del cantaor; ni siquiera cae en el tópico de forzar el drama, ni su relación con las drogas o su encontronazo definitivo con el cáncer. Y todo ello entronca con la aludida dignidad del retrato. No es fácil que otro director que no fuera Chávarri hubiera encontrado ese punto intermedio entre lo real y lo engañoso, entre lo discreto y lo impúdico, que se necesita para afrontar algo imposible como "Camarón", que alterna momentos de brutal "hondura" con otros de cierto descaro narrativo cercano al tópico: hay tramos de la película que sólo podían ser abordados con esa, digamos "frescura", y de ese modo hay que verlos, o si se prefiere, soportarlos. Tal vez no haya tenido la misma fortuna Chávarri en el trazo de algunos fondos y personajes cercanos a Camarón, y que tendrían otra película en sí mismos. Pero, la fortuna, ya lo dice Woody Allen en su obra maestra "Match point", cae donde cae y es tan imprevisible como la mano de niño: a Chávarri le ha caído en donde más lo necesitaba, en Camarón: un grandísimo trabajo de Jaenada, y tan difícil de medir como un sentimiento.

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