Autor crítica:
Traza Neil Armfield el camino seguido por Luke Davies en su novela, un relato en el que trata el amor de una pareja a través de la droga, los alucinógenos y demás enseres de mal vivir. Hay que andarse con ojo a la hora de tratar estos asuntos, no sólo por el mensaje que quieras transmitir, en uno u otro sentido, sino por el razonamiento, la estética, la veracidad y, sobre todo, la frescura que des al trabajo. De todo ello, Armfield sólo nos transmite uno de estos apartados: la estética, que es bella pero al mismo tiempo fría y casi distante. Sí, logra inducir un cierto miedo hacia ese descenso a los infiernos que desarrollan los personajes, pero nada de eso es nuevo ni nos hace parecer que estemos ante algo fresco y original.
No hay garra en esta película, ni gancho con el que emocionarte verdaderamente, sólo una narrativa plana con una bella fotografía que destila una cierta indiferencia, la sensación de que yo ya estuve aquí (viendo la misma película, no dentro de ella). Lógicamente, como todos estos tipos de trabajos, pone los pelos como escarpias pensar que alguien de los tuyos, aunque no sea cercano, puede rozar siquiera esa frontera, pero no es suficiente para que nos haga llorar, temblar o aplastarte contra la butaca dejándote estupefacto ante el caudal de emociones que destila. Ni mucho, ni poco ni nada.
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