Autor crítica:
E. RODRIGUEZ MARCHANTE
Julio Medem hace un cine absolutamente personal, empapado de sí mismo, dificultoso: se diría que, prácticamente, lo pare. Su estilo inconfundible consiste en algo así como que vuele la imagen, vuele la metáfora, vuele la realidad y vuelen los sueños, y esas voladuras siempre encuentran un buen acomodo en su público, que es mucho y muy esponjoso a la sensibilidad de este cineasta... Suele instalar sus historias en terrenos más líquidos que sólidos, y las hace transcurrir por una linde que roza peligrosamente lo pretencioso. En "Caótica Ana" construye un magnífico personaje femenino, una joven que encarna la hermosura y la franqueza externa de las mujeres y, al tiempo, su complejidad interior. Ana es un compendio de realidades y de fantasías, es la mujer maltratada a lo largo de los siglos, la mujer que ama y que crea, la mujer que muere y vuelve a la vida...
Confiesa Medem en esta película a través de los personajes su fascinación y admiración por la mujer, por lo femenino, al tiempo que señala la perversidad y crueldad de lo masculino, aunque, contradictoriamente, muestra personajes masculinos fascinantes, íntegros, honestos, como el padre de Ana, o su amado Said..., hasta el esbozo que hace del personaje llamado Anglo es profundamente positivo y amable. En cambio, su adorado femenino adolece de cierta caída hacia el tópico, como el personaje casi absurdo que interpreta Charlotte Rampling o el jugoso pero desenfocado de Bebe... Hasta en el exabrupto final, en el desenlace demagógico y facilón, nos birla a la Ana que conocíamos para presentar otra más dura, más resabiada, cínica y obscena que ya no se puede llamar Ana.
"Caótica Ana" es una película visualmente poderosa, que contiene imágenes, momentos, de fuerte atractivo emocional y que sólo se ven lastrados por algo que pertenece al "mundo", al "estilo" de Medem, y es que anega esas imágenes de texto, las sobre escribe, no permitiéndoles expresarse con naturalidad propia. Por ejemplo, uno de los mejores momentos de la película, cuando Ana se encuentra con su padre; es un topetazo y una despedida que se resuelve con una sensibilidad extrema y sencilla: bailan... Lástima que en la escena anterior ya se anuncie todo ello en el diálogo. Lo que debiera de ser emoción espontánea, franca, se convierte en emoción calculada.
En cualquier caso, emoción, porque "Caótica Ana" es una película construida con un tejido emocional muy fuerte (el director se la dedica a su hermana, que se fue, y a su hija, que llegó), hasta el punto que hace de ella algo muy íntimo y delicado, pero también vidrioso y algo confuso: el atractivo caos del personaje impregna también de caos la narración, a veces sólo asida al hilo exaltado, emotivo, del director con su personaje, el cual tiene la encarnadura maravillosa de una actriz nueva llamada Manuela Vellés, que absorbe hasta la última humedad de esa Ana con una sencillez y naturalidad que favorece a la película, a su texto, tal vez algo limado y retocado de más por su director y guionista, porque, a mi modo de ver, Julio Medem necesita que le escriban (o que le echen una mano en el guión, al menos) mucho más que el coronel de García Márquez.
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