Autor crítica:
RICARDO ALDARONDO
El momento en el que Daniel Craig sale del agua en plan cachas es un simpático guiño al momento legendario en que hacía lo propio una espectacular Ursula Andress en la primera película de la saga Bond, Agente 007 contra doctor No. Pero además de broma cómplice, la imagen brinda una cierta declaración de principios: el nuevo Bond es más exhibicionista que las mujeres que le rondan, que aparecen menos insinuantes, poderosas y rotundas de lo que lo fueron siempre en el planeta 007. Daniel Craig, o sus jefes, parecen empeñados en demostrar que es el Bond más escultural y más duro: también las cicatrices forman parte de su imagen, resultado de unas aventuras bastante más sangrientas y realistas de lo habitual. Alguna escena Casino Royale se acerca más a Saw que a los glamourosos peligros que sufría Sean Connery.
Por otro lado, el nuevo Bond se defiende mejor en el terreno de la acción y el suspense que en el de la ironía (muy rebajada en esta ocasión) o en el del romanticismo: a Craig le cuesta bastante expresar su dilema amoroso ante una Eva Green tan atractiva con ambigua. En definitiva, Craig es más serio y crudo que el dandy Pierce Brosnan.
Con esas bazas, Daniel Craig luce especialmente en una potente secuencia como la persecución inicial, una apabullante coreografía de saltos, carreras y golpes bienconstruida entre andamios, gruas y bloques sin recurrir a más efectos especiales que los necesarios para que los tremendos golpes corporales de sus protagonistas no les duelan de verdad. Y esa es una de las sorpresas agradables de Casino Royale, que frente al efectismo y la batería de imágenes, pone en escena la acción en terminos realistas. Dentro de lo que cabe en un James Bond, claro.
El guión, en el que figura el Paul Haggis escritor de Million Dollar Baby y director de Crash, peca de alargar un poco las situaciones. Alguna de las secuencias centrales, como la de la crucial partida de cartas, puede resultar ya vista, pero un giro en el exterior del casino aporta un excelente momento de tensión. Con sus altibajos, Casino Royale no es de las mejores, pero tiene suficientes alicientes como para celebrar que la saga Bond continúe.
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