Autor crítica:
E. RODRIGUEZ MARCHANTE
Se estrenó mundialmente en Avilés, se proyectó en el Festival de Venecia y ahora salta a las pantallas. Entre unas cosas y otras, uno ya le ha dado más vueltas a "El sueño de Casandra" que a un calcetín de campaña, a pesar de que, por principio, no le guste hablar mal de Woody Allen. La penúltima película de este hombre (falta por caer la que rodó en Barcelona) tiene muy pocos asideros, pero de todos modos los enumeraremos: cierra esa supuesta "trilogía londinense" que empezó con "Match point" y siguió con "Scoop"; aborda un asunto que le es muy propio: el sentimiento de culpa; busca en un argumento de intriga y con cierto clima su vehículo de expresión; no hace chistes sobre judíos... En fin, estos serían, a botepronto, los únicos puntos a los que agarrarse de esta película absolutamente transversal dentro de la filmografía del director. Puntos, por cierto, que se desmontan con gran facilidad:
Más que cerrar una trilogía, lo que hace "El sueño de Casandra" es alargar sin sentido e interés algo que comenzó por la cima con "Match point", y que no nació para formar parte de ninguna forzada trilogía. El sentimiento de culpa, o la ausencia de él, lo ha tratado anteriormente y de modo magistral Woody Allen en "Delitos y faltas" y en la mencionada "Match point", y en esta ocasión ni añade ni corrige ni nada de nada a lo ya dicho y hecho. En cuanto a la intriga de "El sueño de Casandra" es, como otras de Woody Allen, algo endeble, pero sin que en esta ocasión ofrezca a cambio chispa, gracia, ingenio, entretenimiento, frases, ironía, sarcasmo..., o cualquiera de los muchos condimentos del cine propio de este hombre. Esta película es -y cuesta tanto decirlo como creerlo- aburrida; como si el sueño del título fuera el puro efecto del bostezo de su autor.
A riesgo de encebollarme o repetirme, diré que Allen se saca de encima el trabajo sin poner mucho de sí en él; no le aplica siquiera un algo de calor a los personajes (McGregor y Farrel son "los karamazov" como una escopeta de feria es "un kalasnikov"), y sólo Tom Wilkinson, el tío de América, parece ser o estar en una película de Allen. Lo demás es como si lo hubiera traído el viento.
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