Autor crítica:
E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
Interesante historia, magnífica pareja protagonista para interpretarla y una directora con mucha ínfula para retratarla: la historia de los últimos días de Beethoven, a punto de terminar y estrenar la "Novena Sinfonía"; interpretada por un actor fuerte como un taco en la pared, Ed Harris, y una actriz dúctil, poderosa y que penetra en el asunto como un tornillo dentro del taco, Diane Kruger; la directora es Agnieszka Holland, pasablemente polaca.
La sustancia de este "Copying Beethoven" consiste en la relación del músico con una joven ayudante, Anna Holtz, también compositora, que le ayudó a terminar las partituras de "La Novena", una relación acodada en lo ficticio, pero que irradia realidad en lo que se refiere al retrato de la personalidad del músico, al que llamaban "la bestia", por lo sedoso de su trato y lo pulcro de sus maneras y trazas...
Y la sustancia de la sustancia es una escena magistral, conmovedora y abrumadora, cuando Beethoven estrena ante el público su sinfonía y dirige él mismo a la orquesta; al ser tan sordo como Beethoven, necesita que ella unos metros por delante le vaya marcando las entradas y dándole las pautas..., el ataque del "Himno de la Alegría" produce una similar sacudida y tiritera que la carga del Séptimo de Caballería (la paz y la guerra, provocadores de emoción)... Todo eso lo capta la directora con especial talento y con mucha espectacularidad.
Aunque "Copiyng Beethoven" trata de cosas menudas, de detalles y de ideas que forman parte de lo cotidiano del artista, y la imagen se esfuerza en que las veamos y sintamos. Se puede ver y padecer el frío del ambiente, pero también la calidez que crean disimuladamente los personajes entre ellos; se puede también entender la soledad de Beethoven, comiéndose su propio piano para oír a través del tacto y de todas esas trompetillas y embudos con los que se coronaba; se puede entender hasta el sentimiento único de orgullo y de falso fastidio de su vecina de abajo, siempre la primera en escuchar la obra del compositor...
Como es fácil de prever, lo que más pesa en el empuje de esta película es la interpretación de Ed Harris, actor que no duda en sus saltos, haya o no haya agua. Aquí se puede decir que Harris desaparece al primer instante (en realidad, no llega a aparecer) y en su lugar emerge un ser torvo, perturbado, antipático, genial, lejanísimamente sensible y romántico, que es Beethoven y que consigue eso que no está al alcance de cualquiera: emocionar y repeler, ser detestado y amado. Con un punto de estrafalario sentido del humor que hasta ella, la fría y sensata Kruger-Anna Holtz, se queda prendada de esa tecla.
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