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Corrupción en Miami

Autor crítica: JOSÉ MANUEL CUELLAR

Valoración del crítico:

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Los tiene bien puestos Michael Mann. Meterse en una empresa como ésta, con el recuerdo de aquellos dos, uno de los cuales vivía con un cocodrilo, y cuyo paseo de la arruga es bella trajo tantos amores como detractores, aunque hubo bastantes más de éstos que de aquéllos.

Una tarea pues, como mínimo, arriesgada. Pero es Michael Mann, objeto de culto, una garantía de cine de acción bien hecho y un tipo con un sello especial del que algo siempre queda. En este caso concreto, él y su trabajo en cámara, que del resto hay poco que rascar. Una historia policial corriente y moliente, como tantas otras que se han venido haciendo: "Dos policías rebeldes" "Starsky y Hutch", "Hollywood, departamento de homicidos", o cualquiera de éstas que Hollywood hace con el simple y crudo propósito de ponerse las botas monetarias. Pues cualquiera de ellas, que podrían haber sido perfectamente una serie de televisión, distan poco de ésta.

Sólo que aquí hay sello Mann, mucho detalle, mucho lujo, mucho dólar y muy, pero que muy buena fotografía. Un envoltorio de primer orden con un contenido sin sorpresas, sin nada nuevo que decir: malos comunes (un disciplinado y buen Tosar), buenos comunes, amistad pura y un endurecimiento de los personajes, con más callo, más amargura en el alma y sin conceder media sonrisa a la cámara, con pasados tenebrosos y llenos de amargura, como si la arruga de Adolfo Domínguez se les hubiese incrustado en la piel y les hiciese un doblez.

Ha salvado pues Mann el proyecto con cierta discreción, pero lo que no ha logrado sacar a flote es ese "look" que le ha puesto a Farrell de ex hippy mugriento, con pelo graso y nulo glamour. No es que Don Johnson tuviese mucho, pero al menos parecía limpio... Anda Farrell últimamente en aguas tenebrosas de chico rebelde medio consumido por la industria, como que no quiere pero se deja querer, que empieza a ser repelente al ojo del espectador. Y lo peor es que se le nota en cámara. Un Crockett que pugnaba por ser distinto, con alma propia, pero al que sólo le ha salido lo que Farrell parece arrastrar ha tiempo: sus dudas interiores.

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