Autor crítica:
JAVIER CORTIJO
De sonrisas de mostaza, lágrimas con hatillo de vagabundo y xilofones de cascos de cerveza está el cine francés repleto. Así que no le viene mal ventilar la habitación con una bocanada de aire continental y mestizo. Porque esta luminosa y tableada opera prima se reviste de "harapos y plumas de los mostradores del ejército de salvación", que diría el primerísimo Cohen: aquí una capa felliniana, allá un macuto tanneriano, alrededor un foulard de talleres Kaurismäki... Todo en "Cuando sube la marea", desde su título rebañado de una "chanson" popular, está en tránsito, es pasajero aunque cale hondo: desde el romance central, inesperado y demasiado sincero como para ser mero flirt, hasta el viaje a ninguna parte de la profesión de los protagonistas, ambos enmascarados grotescamente. Un bello, aunque de feísmo conmovedor, y sencillo (pero honrado) filme que además recuerda que un hombre puede "compasionarse" femeninamente y que todos, en el fondo, tenemos alma de triste pollo. Ya me entienden.
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