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La cartelera estival está cargada de comedias refrescantes y títulos que invitan a sonreír por su carácter gamberro y provocador. Es el caso de Desde que amanece apetece, un cóctel veraniego picantón donde los haya, que mezcla el humor de sal gorda con la impronta de algunos de sus intérpretes como Gabino Diego, Arturo Fernández y Jesús Bonilla. Una cinta divertida y sin pretensiones, que busca la sonrisa y la complicidad del espectador a través de apuros económicas y embrollos sentimentales -cuánta chispa se le saca a la prostitución- de unos personajes que, de ser ciertos, serían carne de museo por australopitecus.
El responsable de la criatura, Antonio del Real, vuelve a comandar una comedia tres años después del estreno de Trileros. El director jienense se mueve con soltura en el género de la risa, su ecosistema natural, y en Desde que amanece apetece se rodea de un reparto muy ducho a la hora de arrancar carcajadas al respetable. El hecho de juntar a un septuagenario Arturo Fernández -sigue haciendo de galán trajeado- con Gabino Diego -qué drogata tan maravilloso en Torrente- constituye un antagonismo visual tan brutal que, por contraste, hará que las sonrisas afloren en la platea.
La fauna cómica que cultiva Del Real se mueve en el marco de una historia ambientada en puticlubs, bares y antros cabareteros, sazonada con generosas dosis de sexo -inocentón, que nadie piense mal-, demasiada confusión y un carrusel de seductores de medio pelo que se buscan la vida a salto de mata. Pelayo (Gabino Diego) es un chaval de pueblo que llega a Madrid, empujado por sus padres, para que prospere al amparo de su tío Lorenzo (Arturo Fernández), un empresario de éxito al que toda su familia asturiana venera y respeta por encima de todo. Pero la realidad es bien distinta: las fanfarronadas de Lorenzo no han hecho más que encubrir el fracaso de un hombre que no tiene donde caerse muerto, un mánager de un grupo de boys tuercebotas que son el hazmerreir del barrio.
Todo cambiará con la llegada de Pelayo. El chaval reventará la boda de su tío con una prostituta retirada; se enamorará de una jinetera colombiana (Kira Miró) y, atención, se convertirá en uno de los gigolós de moda en Madrid que trabaja para la agencia Macho ibérico. Bajo su apariencia de paleto e inútil incapaz de hacer nada de provecho, se esconde una portentosa máquina sexual que vuelve locas a las liposuccionadas damas de la capital. Desde que amanece apetece es una historia de perdedores, esa gente que fracasa incluso cuando triunfa, una especie en extinción que siempre acepta la derrota con una sonrisa en la cara.
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