Autor crítica:
E. RODRIGUEZ MARCHANTE
Realmente hipnótico el modo en el que Ang Lee le añade otra especia a un sabor clásico. Igual que reconstruyó un sentimiento tradicional en el western, el de la "amistad" del cowboy en la pradera, en "Brokeback mountain", en esta ocasión abre y palpa en el saco húmedo donde coinciden el sacrificio, el patriotismo, la pasión, el descontrol..., tal y como ocurría en películas tan clásicas como "Encadenados", con la que comparte muchos aromas argumentales ésta suya... Una mujer ha de irse acomodando en el entorno de un peligroso colaboracionista con los japoneses en el Shangai de los años cuarenta... Pero la intriga no tiene su clímax en la bodega (como en "Encadenados") sino en la cama del traidor, y es allí donde la película de Ang Lee, primorosamente clásica, adquiere el insólito sabor provocado por la nueva especia: unas escenas preñadas de brutal erotismo, de sexo enturbiado por el miedo, la intriga y la pérdida de timón... La paulatina incertidumbre de no saber si se sirve a los principios o a los fines... De añorar la boca del lobo. Lo que nos muestra Ang Lee (aquello que sólo nos sugería Hitchcock) es un terreno indeseable, contradictorio y en el que los personajes (ambos) ya no encuentran diferencia entre el placer y la angustia, o el amor y el odio.
El ritmo cauteloso, sosegado, de la narración sólo hace que subrayar en su interior el invisible rebullir de las pasiones. Detrás de la elegancia de la cámara y los protagonistas (espléndidos el veterano Toni Leung y la debutante Tang Wei) está agazapada la vulgaridad y el horror. Los personajes son sublimes: él, cauto, sagaz, receloso, felino hasta límites demoníacos (en la mejor escena de la película, él se queda justo en el umbral de la muerte; en otra aún mejor que ésa, salta con un resorte como un asustado conejillo de un bosque en el que no había lobo); ella, actriz, delicada, abismal, jugosa y ficticia, diestra y siniestra; y el tercer personaje, dibujadísimo, es "la resistencia", un animal amorfo y amoral incapaz de contener pasiones incontenibles. Y si así de hermoso y complejo es el reverso del tapiz, lo que se ve, o sea, el propio tapiz, es la mera definición de lo estético.
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