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Autor crítica: Raúl Martínez

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Ahora que todas las críticas hacen hincapié sobre el camaleonismo de Ang Lee - que lo mismo te hace una de superhéroes (Hulk, 2003) que un western (Cabalga con el diablo, 1999)- convendría apuntar que el director taiwanés lleva ya varios años realizando la misma película bajos distintos envoltorios llamados "géneros": hablamos de contar bajo los parámetros de la narrativa clásica una historia de amor que acaba resultando imposible debido a las circunstancias sociales o políticas del momento.


Así ocurría en Brokeback Mountain (2005), donde el "qué dirán" impedía a esos dos cowboys seguir adelante con su historia de amor. Y lo mismo podemos decir de Sentido y Sensibilidad (1995), aún hoy la mejor película de Lee.

También

Hulk nos presentaba una historia similar, aunque en ese caso no era el mapa político o social de un país lo que impedía la historia de amor, sino la propia condición de Bruce Banner, lo que daba a aquel filme una especial dimensión trágica que elevaba la película muy por encima del resto de muestras del género de superhéroes.


Deseo, peligro es una muestra más de estas películas tan del gusto de Ang Lee, sólo que esta vez el director se descuelga con un metraje de 160’ excesivo a todas luces, que hace que el filme combine grandes secuencias con laaaaaaargos tiempos muertos que poco aportan al resultado final. La razón de tan larga duración al parecer (según declaraciones del propio director) tiene que ver con que Lee quería tomarse su tiempo para mostrar una serie de detalles que quizá a los desconocedores de la cultura china puedan escapársenos o parecernos irrelevantes, pero que para el público chino son importantes.


Quizá ahí pueda estar el "error" de Ang Lee: tratar de unificar la narrativa clásica del cine norteamericano con un montón de tiempos muertos más propios del fluir del cine oriental. Una mezcla que –siempre en mi opinión, por supuesto- acaba por no funcionar en su globalidad, pese a algunos grandes momentos: me quedo, como mucha otra gente, con la secuencia que no por casualidad actúa como bisagra de la película: el asesinato a cuchilladas de un colaboracionista con el gobierno japonés. Un momento incómodo para el espectador por la violencia y autenticidad que destila.


Por lo demás, las tan nombradas escenas de sexo están llenas de topicazos. En primer lugar, porque realizan el enésimo paralelismo entre sexo y violencia (a él, que es un hombre violento, le gusta mandar en la cama). En segundo lugar, las tres escenas de sexo que filma Ang Lee van evolucionando de manera que los dos amantes aparecen progresivamente más y más encadenados. Con ello Lee nos quiere decir que ambos están cada vez más entrelazados, más unidos, y que ya no tienen forma de saber dónde acaba lo fingido y empiezan los sentimientos.


En definitiva, y vistos los parabienes que está recibiendo la película, seguro que yo estoy equivocado, pero con esta película me ha parecido volver a ver la misma gallina en distinto corral. Y Lee ha hecho gallinas mejores.

Por cierto, [SPOILER]


¿alguien más opina que la última secuencia es una variación sobre esa otra de "Brokeback Mountain" en la que Heath Ledger olía la ropa de Jake Gyllenhaal, sólo que usando la cama en lugar del armario?


[/SPOILER]

Firma: Raúl Martínez

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