Autor crítica:
FERNANDO BELZUNCE
Los Oscar de este año bailarán al compás del sonido Motown. El musical Dreamgirls, que rinde homenaje al conocido estilo de Detroit, es la cinta más nominada y aspira a ocho estatuillas en categorías secundarias. Bill Condon, guionista de Chicago, intenta revitalizar uno de los géneros favoritos de Hollywood y se basa en una triunfadora obra de Broadway que, a su vez, se inspiró en la fulgurante carrera de Diana Ross y las Supremes.
Dreamgirls cuenta las peripecias de tres cantantes negras que empezaron en un concurso de talentos, continuaron como coristas y terminaron en lo alto de las listas en los años 60, dejando por el camino regueros de amor y miseria, traiciones, fama y sacrificios. Beyoncé Knowles, Jennifer Hudson -finalista de la versión norteamericana de Operación triunfo- y Anika Noni Rose dan vida a estas guapas jóvenes de voz profunda. Mientras, Eddie Murphy aspira al Oscar al mejor secundario por su espectacular interpretación de un poderoso cantante de R B; Jamie Foxx, que ya obtuvo la estatuilla por Ray, interpreta a un productor hecho a sí mismo sobre el que gira el filme.
"Es un tipo no muy pulido que intenta meterse en el negocio de la música", explica Foxx. "Le habría gustado cantar bien, pero, ya que no puede, decide llegar a la cima en calidad de agente". Encuentra el vehículo ideal con The Dreamettes, un grupo que, al igual que sucedió con el de Diana Ross, se da a conocer en un teatro de barrio. "Las tres tienen hambre de fama, están llenas de entusiasmo", comenta Beyoncé Knowles.
"Tenía ocho años cuando le pedí a mi padre que me llevara a ver a Diana Ross y las Supremes", recuerda Bill Condon. "Desde muy joven me volví loco por los grupos Motown. Escuché esa increíble música en su contexto: la marcha en Detroit encabezada por Martin Luther King en defensa del movimiento de derechos civiles. A primera vista, Dreamgirls puede parecer una película acerca del auge de un grupo, pero a un nivel más profundo habla de la lucha de los afroamericanos para acabar con la discriminación".
Para el director, las canciones logran que el espectador se implique en el filme de una forma inaccesible para otro tipo de dramas. En cambio, un crítico de The New York Times vapulea la cinta a costa de ellas: "El problema de Dreamgirls, que no es pequeño, reside en esas canciones, las cuales no es que tengan música y letras pedestres, sino que son histórica e idiomáticamente desastrosas".
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