Autor crítica:
E. RODRIGUEZ MARCHANTE
George Clooney es un actor privilegiado y un director con talento, y con ganas, y con curiosidad, pues nadie podrá decir de él que sus películas son cómodas o se ven venir. Ha dirigido "Confesiones de una mente peligrosa", "Buenas noches, y buena suerte" y ahora ésta grotescamente titulada "Ella es el partido" ("Leatherheads", en su sensato origen), y lo mismo protagoniza una película como "Michael Clayton" que otra como "Oceans eleven", sus secuelas o "Syriana". Evidentemente, hace lo que le da la real gana, y lo hace bien. A una película de raro espionaje como "Confesiones..." le sigue una de profundo sentido político ("Buenas noches, ...") y ahora, voltereta, una que es comedia romántica muy al estilo de los años treinta.
"Ella es el partido" no es de Hawks, ni de Cukor, ni de La Cava: es de George Clooney. O sea, que también es un director con arrojo, pues no es aventurado verle ahí una voluntad de confusión, o emulación. Y es, al tiempo, un cineasta con doblez: parece que cuenta una cosa (una historia de amor, y tal), pero no renuncia a transmitir otra: hablar de ese sentimiento amentolado que es el "pionerismo", una palabra inexistente para recoger una idea reconocible: los que pedalean para que el mundo se mueva, avance, progrese, tropiece...
La película se centra en un personaje muy atractivo, Dodge Connolly (Clooney), un vividor, un jugador, un veterano de guerra que tramposea en los embarrados campos del fútbol americano y que intuye que allí hay negocio si se profesionalizara. Es un punto de partida para organizar un trío clásico: él, ella y el otro...
Clooney no es Hawks, ni tampoco es Cary Grant, pero lo intenta. E intenta que Renée Zellweger sea una mezcla de Rosalind Russell y Claudette Colbert, y el bobalicón John Krasinski parezca, de lejos, una James Stewart en su papel eterno de "el hombre que no mató...". Las de Filadelfia están contadas, y Clooney cuenta las historias de los comienzos del fútbol profesional, del reporterismo femenino, de los patrocinios, de las estrellas "mediáticas", de los reglamentos (¡las reglas, un atraso!), los managers y representantes..., un mundo digno de ser retratado en una comedia como ésta, ligera, incluso "light", hecha y dicha con desparpajo, llena de barro y de estilo (la última, por cierto, que produjo Pollack), que, francamente, no aporta gran cosa a la Gran Historia de la Comedia Cinematográfica, pero que como película está muy bien.
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