Autor crítica:
ANTONIO WEINRICHTER
La buena salud del cine documental se confirma al coincidir el estreno de estos dos títulos firmados por directores de ficción, si bien el caso de Herzog es engañoso: sólo 15 de su medio centenar de títulos son ficticios. Pero hay muchos otros signos de la vitalidad de un género que está de "moda" desde que volviera a ocupar pantallas comerciales merced a la conjunción del, muy mediático, americano Michael Moore, la francesa Agnés Varda con "Los espigadores y la espigadora" o nuestro José Luis Guerín con "En construcción". No es un género de masas, desde luego, pero ha escapado del gueto de la televisión y, sobre todo, de la percepción de que se limita a reportajes de animales o de temas sociales. Los festivales especializados proliferan, sólo en España hay media docena, y los certámenes generalistas comienzan a admitirlo en sus secciones oficiales: el gran premio del pasado festival de Granada fue a parar al maravilloso documental brasileño "Jogo de cena". Siguen en activo figuras americanas como Errol Morris, oscarizado por "Rumores de guerra", su asombrosa entrevista con Macnamara, y de hecho la segunda guerra de Irak ha resucitado la vertiente combativa del género. En Europa figuras como Harun Farocki, Nicolas Philibert o Jose Luis López-Linares compiten con incursiones de cineastas como Wenders o Nanni Moretti para demostrar que la realidad supera a la ficción.
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