|
Fast Food Nation arremete contra la comida basura, pero su alcance va mucho más allá de Super Size Me, el alegato documental de Morgan Spurlock en contra de las hamburguesas como única dieta de los americanos. Richard Linklater prefiere la ficción para formular el mismo discurso cínico y desencantado que ha ensayado en una filmografía que se mueve entre lo indie -Antes del amanecer- y la comedia comercial con retranca -Escuela de rock-. Habla del fracaso de un modelo de vida a partir de una de sus señas de identidad. Por algo The New York Times sancionó que esta era "la película política más importante de un director americano desde Fahrenheit 9/11".
En la primera escena de Fast Food Nation la cámara penetra en una hamburguesa hasta confundirse con la carne triturada. Viajaremos hasta las entrañas de uno de los símbolos del capitalismo salvaje. Nuestro guía será un ejecutivo de la cadena de hamburgueserías Mickeys, un trasunto a pequeña escala de Burger King y McDonalds. Su viaje desde las oficinas centrales de la empresa tiene como destino las plantas de fabricación y envasado cercanas a la frontera mexicana. Unos informes alertan que en la carne de las Big One se ha detectado mierda. Literalmente. Y el enviado de Mickeys acude a investigar qué ocurre en la fábrica que engorda de felicidad a la nación. En su camino conoceremos cómo hasta el último elemento asociado a la comida rápida obedece a las leyes del márketing, desde el nombre de la hamburguesa hasta su aroma. La explotación de los trabajadores comienza por los ganaderos y los emigrantes ilegales empleados como matarifes y culmina en los adolescentes malpagados que escupen en la comida antes de servirla con una sonrisa.
Avril Lavigne "Super Size Me atacaba la parte visible de la industria: la hamburguesa y su impacto en la dieta norteamericana. Nosotros descubrimos cómo es realmente la industria de la comida basura, lo que hay detrás de esa hamburguesa: el ambiente de trabajo de sus operarios, cómo engordan a las reses, cómo las sacrifican Hacía tiempo que quería denunciar el ambiente laboral de las grandes multinacionales", explica Richard Linklater.
Greg Kinnear -el padre de Pequeña Miss Sunshine- encarna al ejecutivo que se mezcla con los desheredados. Bruce Willis, Kris Kristofferson, Ethan Hawke y la cantante Avril Lavigne se suman a un filme que en su temática y carácter coral se emparenta con Babel, sólo que le supera en mala leche y prescinde de la trascendencia de Iñárritu.
|