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Aviso para navegantes: esta película no es tan sólo un alegato sobre el noble y elevado arte de bien fumar. Lo sentimos, pues, muchos de los espectadores de Thank You for Smoking son elegantes fumadores que pensaban encontrar en el Príncipe un descanso al fustigamiento incontrolado infligido en sus cuerpos y almas por los novísimos inquisidores que morir morirán igual que ellos pero con el pulmón limpito
Thank You for Smoking en el fondo, ¿aleluya!, es mucho más que un glorioso panfleto a favor del dulcísimo placer de inhalar nicotina. El filme de Jason Reitman es un magnífico ejemplo de divina, mortífera, puntiaguda retórica. No se detiene en pequeñeces de si fumar es bueno o malo. Va más allá. Se regodea en el placer de usar la cabeza, usar el raciocinio, usar la capacidad que se nos dio a los humanos para razonar, discutir, driblar sofismas, retorcer sentencias, retomar disquisiciones, analizar datos, derribar hipótesis falsas, deconstruir leyendas humanas.Thank You for Smoking que, además es divertida, ¿aleluya, aleluya!, recupera el tono, el brío, la salubridad, del cine que se detiene a pensar, que juguetea con la psiquis del espectador, que le considera un igual a la hora de la discusión y no un cachorrito mental al que hay que masticarle y regurgitarle las ideas.
Gracias por fumar es un cacho de cine libre a la americana pero, ¿aleluya, aleluya!, no tiene nada que ver con el señorito Michael Moore y sí mucho con documentos tan libertarios como Inside Deep Throat.
En Gracias por fumar sale hasta el hombre Marlboro. Sí, aquel que después de fumarse la vida decidió querellarse contra las tabaqueras. No, no se le juzga. ¿Para qué? Cada uno tiene derecho a prenderse los pulmones como quiera. En Gracias por fumar se usa el lenguaje, la sátira, la mirada sarcástica, la reflexión sensata, para exigir que Papá Estado nos deje en paz con nuestra misma mismidad. Gracias por fumar es un alegato a favor de la inteligencia, el libre albedrío, la anarquía cerebral, la manipulación exquisita, la proclama mefistofélica. Seguro que habrá puesto nerviosos a millones de borregos. De esos que ha tiempo hicieron dejación de su libertad y permiten que otros piensen por ellos.
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