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Happy. Un cuento sobre la felicidad

Autor crítica: Raúl Martínez

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Happy-Go-Lucky es Sally Hawkins. En su interpretación está resumido todo lo que la película quiere transmitir al espectador. Si su trabajo te parece estúpido la película te parecerá estúpida, si su trabajo te resulta convincente la película te parecerá maravillosa. Si la apreciación de toda película es subjetiva, aquella que busca tan intencionadamente como ésta influir positivamente en el ánimo del espectador lo es mucho más. Puede que tengas un mal día, veas esta película y te lo alegre. O puede que tengas un día peor y te dé por pensar ¿cómo es tan tonta esta chavala?
En el fondo, lo que quiero decir es que en determinadas ocasiones una crítica es particularmente estéril. Y este es el caso. La película está tan determinada por el personaje protagonista que nada de lo demás tiene demasiada importancia. Bien es verdad que el guión es ciertamente tramposo, puesto que no sitúa a Poppy (así se llama la protagonista) ante ninguna situación realmente dramática que ponga a prueba esa aparentemente inalterable sonrisa ante la vida. El guión de Mike Leigh la hace tomar clases de conducir, ir de fiesta, enfrentarse a problemas cotidianos, a personas que cuestionan su modo de vida… pero no le ocurre nada que pueda cuestionar su actitud optimista ante la vida.
La última película de Mike Leigh supone un cambio de tono bastante importante respecto al tono trágico de las películas que le hicieron conocido en España como Secretos y mentiras, si bien su último personaje –la Vera Drake de El secreto de Vera Drake- ya presentaba una inocencia comparable a la de Poppy. Vera Drake practicaba abortos porque sinceramente pensaba que de este modo ayudaba a las mujeres que se lo pedían, y Poppy tiene esa actitud tan vitalista porque cree que así se es más feliz. Será interesante comprobar si esta galería femenina de personajes buenos tiene continuidad en la filmografía de Leigh.
Una pregunta ¿realmente tiene que ver Poppy con Amelie como se ha comparado hasta la saciedad? No estoy tan seguro, Mientras la historia de Amelie se sitúa en un París deliberadamente irreal y dentro de un tono de fábula absolutamente buscado por un director tan inclinado a la fantasía como Jean Pierre Jeunet, el marco de Poppy es el Londres de nuestros días visto por un director como Mike Leigh, quien no se ha caracterizado a lo largo de su filmografía precisamente por crear mundos fantásticos. Queda ya a interpretación del espectador si la actitud de Poppy se debe a la autodefensa ante la deprimente realidad o simplemente a una sincera forma de ver la existencia.
En definitiva, se trata de una película estimulante –no por su realización, en la que nada hay especialmente destacable- porque plantea al espectador si es posible vivir de otra manera, plantearse un día a día menos estresante, o si personajes como el que interpreta Sally Hawkins –y que ya suena como una nominación segura para los Oscar- sólo existen en las películas.

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