Autor crítica:
FERNANDO BELZUNCE
A sus 61 años, Sylvester Stallone sigue con ganas de dar guerra. El recauchutado actor se lió recientemente a mamporros en la reivindicable ?Rocky Balboa?, así que, a estas alturas, de perdidos al río. Se ha vuelto a dejar greñas y a empuñar su famoso cuchillo de Albacete en ?John Rambo?. Ha leído bien, sí. Vuelve Rambo. Ese personaje que ya no está ni en los videoclubes despierta todavía curiosidad. ¿Qué ha sido de él? ¿Qué hizo después de matar a decenas de tipos en Afganistán y enfrentarse solito a todo un Ejército soviético en ?Rambo III?? ¿A dónde fue después de ayudar a esos muyahidines a los que ahora combate su país, Estados Unidos?
El atormentado John James Rambo, ese ex boina verde con una ajetreada vida marcada por la guerra, se encuentra ahora en la jungla del norte de Tailandia, pescando y cazando cobras para luego venderlas. Sin duda un envidiable retiro tan solo alterado por un grupo de misioneros católicos que necesita que les guíe hasta la frontera con Birmania. Deben suministrar medicinas y alimentos a unos refugiados. El sensible guerrero se involucra en la misión, pese a saber que los soldados birmanos, que han hecho de las torturas y los asesinatos algo habitual, asedian la zona.
¿Por qué soldados birmanos, se preguntará? Es natural. También lo hizo Stallone, padre de la criatura, que buscaba un enemigo para la cuarta entrega de la serie. Ya no hay Vietnam que valga, ni soviéticos, y, desde luego, mejor no volver a tocar el tema de los muyahidines. Llamó a la revista ?Soldado de fortuna? y preguntó por los lugares del mundo donde se cometen mayores atrocidades. Birmania es uno de ellos. Que se lo digan a los monjes budistas que el año pasado emprendieron la revolución púrpura. Fueron aplastados en las ciudades y dicen que la situación en la jungla es aún peor.
Punto final
No es mal contexto, pues, para el estreno de tan violenta cinta. Los malos son, no cabe duda, malos hasta rabiar y Rambo se encarga de hacer justicia a su manera. Ni siquiera cuenta ahora con la supervisión de su único amigo, el coronel Trautman, autor de la filosófica frase: "Cuando la guerra está en tu sangre, matar es tan fácil como respirar". Richard Crenna, el actor que daba vida al mentor del marine, murió de cáncer en 2003. Un año después lo hizo Jerry Goldsmith, autor de la banda sonora de una trilogía que empezó con cierta decencia en 1982, mostrando a un ex soldado perturbado, incapaz de encontrar su lugar, y que terminó con un sanguinario despropósito.
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