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John Rambo

Autor crítica: JOSÉ MANUEL CUELLAR

Valoración del crítico:

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Conviene no equivocarse excesivamente con Stallone. Un tipo con media parálisis facial, con talento artístico justito y que ha salido adelante en esto tiene, al menos, un mérito que no es para despreciar. Mejor guionista que todo lo demás, Stallone ha ido dando bandazos en medio de la marea intentando que su barco no se hundiera. Pero le alcanza la edad y el botox y los anabolizantes desmedidos le han convertido el físico en una caricatura de sí mismo, una especie de muñeco de plastilina al que da bastante grima ver.

Casi semiolvidado, Stallone ha recurrido a su tótem para achicar vías de agua e intentar llegar al final con cierta dignidad, así que no se ha estrujado la cabeza y ha tirado por la vía central. En vez de salvar soldados, Rambo salva misioneros y el resto es lo mismo, pero acrecentado al máximo.

Para ello, Stallone, director, escritor, actor, creador en suma de todo lo que sale aquí, ha visto en "300" una salida para dotar de cierto tinte novedoso a su trabajo. Así que las balas aquí son como las que mataron a Kennedy: curvean, dejan secos a tres birmanos de un tiro atravesándolos en canal, revientan cabezas esparciendo sesos y mutilan brazos y piernas salpicando la cámara de sangre por doquier. Rambo ya no usa un cuchillo sino un medio machete que arranca troncos como si los cuerpos fuesen mantequilla, y eso es todo lo que se muestra en tres cuartos de hora finales de batalla brutal.

Ese gore en el que Stallone ha convertido la última parte de su película es una explosión desaforada de todo lo que los amantes de este cine esperan, y en ese sentido no se puede decir que la película decepcione. Otra cosa es que su valor cinematográfico esté bajo mínimos. Él apenas puede mover un músculo en su máscara machacada por el botox, los diálogos no existen, la trama tampoco y la máxima filosofía que enseña la película es que hay un tipo que está mosqueado con el mundo entero, decepcionado y amargado. En suma, como el resto de la humanidad, sin que los demás nos pongamos a liquidar gente a mansalva. Así que todo se reduce a una parodia de su propio videojuego. Malos cayendo como moscas, mucha frustración volcada en la bala y una salvajada de ketchup salpicando las butacas.

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