Autor crítica:
RICARDO ALDARONDO
Un drama intenso sobre gentes que se encuentran en una encrucijada emocional; una puesta en escena cuidadísima; un guión bien perfilado que sabe entrar en el intimismo con delicadez y precisión; y un reparto excelente, cuya protagonista acaba siendo candidata al Oscar. Son características comunes a la película En la habitación (2001), que hace cinco años procuró una candidatura al Oscar a Sissy Spacek, y también a la nueva película del mismo director, Todd Field, que aquí se ha titulado Juegos secretos. Si entonces el drama se centraba en una pareja de cierta edad que se enfrentaba a una tragedia familiar, complicada con una infidelidad, ahora de nuevo las familias, las relaciones y un amor oculto forman el corazón de Juegos secretos, aunque con un tono menos trágico. Y sin frivolidades.
El autor de la novela, Tom Perrota, es coguionista de la película, con el propio director. El tandem ha resultado más que eficaz para poner en juego las ricas relaciones entre una serie de personajes de una pequeña comunidad, y sus complejas interioridades. Todo comienza con la noticia del regreso de un pervertido, como se le califica en la vecindad, un hombre huraño que vuelve tras cumplir condena por exhibicionismo ante unos niños. El recelo que provoca es sólo uno de los focos del relato, hay mucho más. Una mujer con un matrimonio insatisfactorio, a causa un marido que también esconde peculiares deseos, entabla una relación con un hombre también casado, y dedicado a su hijo porque no logra acabar la carrera de abogado.
¿Qué hay en común entre todos esos personajes? La clave está en el título original, Little children (Pequeños niños). No son los niños los protagonistas, sino unos adultos que de un modo u otro no logran alcanzar la madurez. El exhibicionista, por una madre terriblemente protectora; el joven, por unas aspiraciones no satisfechas y una falta de iniciativa que no logra neutralizar para evitar el fracaso; la mujer que interpreta Kate Winslet porque, como Madame Bovary (una referencia directa en el guión) trata de buscar una alternativa mejor para su vida, que está a punto de entrar en el pozo de la rutina y el engaño más gris.
Todo eso, con muchas más situaciones y personajes, está expuesto y construido por Todd Field con tanta minuciosidad como elegancia. Con ese tono cotidiano pero un punto por encima del realismo que tenía Crash, por ejemplo, Todd Field aborda comportamientos y voluntades, reveses y casualidades de la vida, tratando de entender los deseos y frustraciones de sus personajes, que pueden ser cercanos a cualquier espectador. A veces de modo algo exagerado, sobre todo en el final, pero brillantemente construido.
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