Autor crítica:
ANTONIO WEINRICHTER
Uno salió de ver esta película en Gijón pensando que era de lo mejor americano del año, pero eso sería injusto con "Juno": no ha sido un buen año. Baste decir que cada escena tiene un detalle de observación, una frase, gesto o giro inesperado que sería inútil buscar en ruidosas "sagas" del estilo de "American gangster". Claro, se trata de una producción "indie"; más aún: es el tipo de película que devuelve su buen nombre al cine independiente, como "Junebug", la todavía inédita "Margot en la boda" o incluso "Little Miss Sunshine". Y, como éstas, nos recuerda la escasez de buenas heroínas en un cine dominado por angustias y fantasías masculinas.
En efecto, la Juno que encarna una casi desconocida Ellen Page pasará por derecho a la galería de mujeres "indie": una chica de dieciséis años que decide probar eso del sexo con un colega (más bien reticente ante la idea: véase un ejemplo de detalle "fresco"), se queda embarazada y, contra algunos consejos que recibe, decide tener el bebé aun a costa de buscarle unos padres adoptivos. Elementos para hacer una comedia de enredo gamberro, al estilo de "Lío embarazoso", que plantea un problema similar; pero el humor de "Juno" es más sutil y cálido.
Basta ver las escenas con los padres de Juno o con los padres elegidos para el bebé de Juno: adultos que por una vez no se reducen a caricaturas sobre las que proyectar la angustia adolescente. Los diálogos superan la indefinición de la nueva moda "indie" (apodada "mumblecore", en honor a los balbuceos de Brando) de vocalización y expresividad incierta, y brillan, pulidos y certeros, como los de una comedia clásica. El tono de la película se completa con las deliciosas canciones de Kymya Dawson que la van puntuando; como el superlativo trabajo de la Page, y como la película misma, marcan -y no es éste el menor de sus méritos- un delicado equilibrio entre lo "mono" y lo auténtico y profundo: la definición misma de la buena música pop.
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