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Juntos, nada más

Autor crítica: FEDERICO MARÍN BELLÓN

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Para saber que la vida no es color de rosa no necesitamos el cine. Es cierto que a veces viene bien que nos lo recuerden y, de hecho, una cámara es un instrumento casi insuperable para mostrar con elocuencia las puñaladas que puede recibir un ser humano a lo largo de su vida. Lo que no quiere decir que sea imprescindible darle siempre ese uso. Sin llegar a los extremos de "Amélie" -película deliciosa, por otra parte, y con este juicio el lector ya sabe a qué atenerse-, "Juntos nada más" es un cuento nada realista en el que todos los personajes terminan comiendo perdices a dos carrillos.

Lo meritorio del caso no es su complacencia final, sin embargo, sino la capacidad de Claude Berri para contarnos esta fábula sin ofender nuestra inteligencia, sin quebrar una mínima coherencia interna, sin darnos motivos para desconfiar. Bajo el lema "¡qué bello es vivir!", nos habla de la convivencia entre tres personas antagónicas que, forzadas por el guión y por la situación, comparten piso y aprenden a tolerarse. Así, una desamparada Audrey Tatou encuentra refugio en casa de sus vecinos, magníficos personajes y actores (Guillaume Canet y Laurent Stocker), cada uno en su estilo.

Junto al brillante trío de intérpretes destaca la elegante puesta en escena de Berri , que no sólo esconde con astucia los orígenes literarios del texto -un best seller de Anna Gavalda- pese a que apenas sale del piso, sino que, sobre todo, no se pasa con el punto de azúcar. A riesgo de pecar de superficial, no merece la pena analizar con más detalle los diversos apartados técnicos del filme, una obra ante la que conviene abandonarse (se siente por los críticos, por lo general incapacitados). No esperen, por tanto, leer grandes elogios de esta película por ahí, pero vayan a verla y disfruten, que son cuatro días.

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