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Anunciada como el título más taquillero en Suiza desde que hay Bancos, y candidata al Oscar foráneo, esta cuarta película de la cineasta Bettina Oberli resulta ser una comedia amable de la tercera -o cuarta- edad, que narra con ritmo adecuadamente provecto lo que ocurre cuando Martha, una venerable anciana que se acaba de quedar viuda, decide emprender una nueva vida de pequeña más que mediana empresaria. Espoleada por sus amigas y compañeras de naipes, decide cumplir un viejo sueño de juventud y abrir una tienda de lencería, nada menos: como vive en un pequeño y tradicional pueblo helvético y como, para más inri, su hijo es el párroco local, la cosa deviene en un escándalo mayúsculo. Y hasta aquí podemos leer, pero lo que sucede luego tiene el sentido de una fábula ejemplar y, de nuevo, amable sobre la intolerancia y el derecho a volver a empezar para vivir ese "tercer acto" que la sociedad le niega a nuestros mayores. Por supuesto, todo sucede dentro de unos cauces muy civilizados -no piensen, a pesar del título, que van a ver un pase de modelos de las protagonistas- y generalmente poco estimulantes, tanto como les achacaba Orson Welles a los paisanos de Martha en su famosa diatriba contra Suiza de "El tercer hombre". El éxito, local, que tuvo se debe a que pertenece, como "Billy Elliott" o "Las chicas del calendario", a ese género de "película positiva" que, de vez en cuando, logra atraer a un tipo de espectador que no quiere sobresaltos de ningún tipo en su dieta audiovisual.
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