Autor crítica:
Atala Martín
La magia sabe mostrarse cuando en los fotogramas de una película se hace realidad, una tras otra, cada una de las fantasías que supieron salir de manera tan magistral de la cabeza de C.S. Lewis. Sólo en contadas ocasiones, el ojo humano tiene la oportunidad de ver un despliegue tan dulce de imaginación, aventuras y lucha entre el bien y el mal.
En 1950, el catedrático C.S. Lewis publicó El león, la bruja y el armario, primera entrega de una serie de siete volúmenes recogidos bajo el título de Las crónicas de Narnia, originando una leyenda moderna.
Gran aficionado a lo que él solía denominar historias de hadas, Lewis decidió escribir una serie de cuentos fantásticos para niños, aunque con el tiempo, su creación alcanzó un volumen y una popularidad insospechados hasta por él mismo.
Niños y adultos cayeron rendidos ante la magia de esta apasionante aventura ambientada durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, transportando a los lectores a un universo encantado de criaturas mitológicas envueltas en una batalla épica entre el bien y el mal. Por su parte, los críticos quedaron impresionados ante la sorprendente capacidad de Lewis para crear un mundo imaginario perfectamente creíble, con su propia historia, geografía, cultura y mitos, capaces de reflejar las luchas, esperanzas y dilemas morales de nuestro propio mundo.
La adaptación que el director, Andrew Adamson, ha hecho de El león, la bruja y el armario es tan fiel al libro como preciosista en su puesta en escena. No es tan férrea como la saga de El señor de los anillos, ni tan excesiva como las andanzas de Harry Potter, y es sin duda la más delicada.
El león, la bruja y el armario parte de una grisácea realidad posible para acabar en sueño de miles de colores. Los efectos especiales, lejos de limitar las posibilidades interpretativas de los personajes, hace que éstos parezcan más insólitos.
Si tienen niños menores de siete años, no los lleven, a veces puede dar un poco de mieditis, ya saben, por los leones, los faunos, los minotauros y todas esas criaturillas de los bosques encantados. Si los críos tienen más de siete años, no lo duden... y si no hay infantes, tampoco lo duden. Vayan sin cuidado, que lo van a disfrutar mucho.
Qué puntuación le das? Opina!