Autor crítica:
FEDERICO MARÍN BELLÓN
No consta que las hermanas fueran tan guapas como Scarlett Johansson y Natalie Portman. Por no constar, no consta casi nada de María, "la otra Bolena", condenada a desempeñar un papel secundario en la historia, siempre a la sombra de Ana, aunque Philippa Gregory parece haberse documentado hasta en las revistas del corazón de la época y llena los espacios en blanco con astucia y las dosis imprescindibles de imaginación.
Justin Chadwick, un hombre que proviene de la televisión, ha sido el encargado de adaptar la novela y contar la relación entre las hermanas, pero, sobre todo, de contar cómo se turnaron ambas en sus frecuentes visitas al lecho real, donde primero fueron empujadas y al que acabaron, más pronto que tarde, por coger el gusto. La historia británica debería importar ese lema tan español de "tanto monta...". Incluso podrían encontrarle una rima en inglés.
De poner el acento en la dignidad perdida de la familia se encarga Kristin Scott Thomas, quien recurre a toda su elegancia para dar vida a Lady Elizabeth, madre de las chicas. Lo malo es que el filme le da aún menos oportunidades que la historia para defender su postura, la única decorosa de todo el clan. Y de defender la dignidad de la reina mancillada se encarga Ana Torrent, que también está bastante vendida, aunque no tanto como las famosas hermanitas, que utilizaron sus encantos en aras de la prosperidad familiar, al menos según la versión que nos transmiten Gregory y Chadwick.
Natalie, que hizo parada en España durante su gira de promoción de la película, dejó constancia de su liviana belleza y de su prudencia a la hora de responder. Por supuesto, tuvo que lidiar con las inevitables preguntas sobre su cacareada rivalidad con Scarlett. La protagonista de "V de Vendetta" aseguró que "trabajar con gente grande te hace mejor. Siempre quieres a los mejores en el equipo, como en el fútbol". Seguro que le han seguido apretando las tuercas, pero lo cierto es que la joven se deshizo en elogios hacia su compañera de reparto, a quien calificó como "un regalo".
Más entusiasmado aún con sus compañeras estaba Eric Bana, quien aportaba un cambio radical a la fisonomía que conocíamos de Enrique VIII, al menos por las películas y los cuadros. El australiano, que cumplirá los cuarenta el próximo mes de agosto, se declaró dispuesto, no obstante, a engordar los kilos que hicieran falta "si el papel es suficientemente interesante".
Bana, muy aficionado a las carreras de coches (incluso participa en algunas competiciones en la categoría de GT-3), asegura que uno de los papeles que le encantaría interpretar es el de Enzo Ferrari, que tuvo "una vida muy interesante y dejó un legado increíble". Pero no tuvo tantas esposas.
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