Autor crítica:
BEGOÑA DEL TESO
Va como un tiro. En todas y cada una de las salas guipuzcoanas en las que se exhibe, Y es que... ¿resulta tan cómodo, confortable y tranquilizado, recostarse en una butaca mullidita y que en una pantalla grandota te echen una película que se parece tanto tanto tantísimo a unos grandes relatos televisivos muy cuidados, muy elegantes, muy clásicos, muy divulgativos! Es tan reconfortante sentirse en terreno conocido, conocidísimo, detectando en cada plano a uno de esos actores de toda la vida toda, de esos que salen en casi todas las películas y en casi todas las series españolas de televisión. De Poncela a Molina pasando por el Azorín, la Valverde, el Homar y Peris-Mencheta. Es tan divino de la muerte no esperar ningún atrevimiento visual o sonoro. Tan tranquilizador que la música de la banda sonora subraye con ímpetu cada escena para que así sepamos lo que debemos sentir. Es tan de siempre que el vestuario esté cuidadísimo, los escenarios localizados con sumo mimo y la cámara se quede ahí, bien plantada y acartonada, permitiéndose sólo al gún movimiento de esos llenos de falsa pompa, falso esplendor y rebuscada elegancia....
Es eso, nada más que eso, como si tu periódico de cabecera se mostrara rumboso un domingo y te regalase un DVD filmado por un puñado de gente con oficio sobre las andanzas italianas de aquella familia valenciana que dominó Roma y el Vaticano a sangre, fuego, espada y veneno. La historia de aquel Papa cargado de ambiciosos y malhayados hijos que holgaba en su lecho con mujeres de la edad de su hija.
Es eso, nada más. Cómodo, confortable, reconfortante. Por seis euros nada que pensar, nada que imaginar, nada de qué preocuparse. Poco importa que desde el primer plano de la primera secuencia cualquier espectador inconformista se dé cuenta de que en esta película nadie habla, nadie anda, nadie mira, nadie ríe, nadie se mueve, nadie cabalga como hablaban, andaban, miraba, reían, se movían y cabalgaban aquellas gentes que en el siglo XV, mientras se mataban, se acuchillaban, fornicaban, arrebataban feudos y blasfemaban construían la suprema gloria artística de Italia.
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