Autor crítica:
Jesús Casañas
Las máscaras siempre han sido un objeto con el que Hollywood ha sabido asustar a sus espectadores. La influencia de un personaje tan clásico de la literatura gótica como es el Fantasma de la ópera se dejaba notar en aquellas películas de los años 70 que supieron darle al género de terror la vuelta de tuerca que necesitaba para no caer en la reiteración o la autoparodia. Cintas como 'La matanza de Texas', 'Halloween', o la posterior 'Viernes 13' (junto a 'Pesadilla en Elm Street', por supuesto) nos traían los nuevos iconos del horror. Atrás quedaban vampiros, licántropos y monstruos derivados de experimentos científicos.
En antonomasia a sus predecesores, Leatherface, Michael Mayers y Jason no eran hombres de muchas palabras, carecían de elegancia en su atuendo, romanticismo en su aura o compasión en su corazón. Eran sucios, urbanos, nacidos como consecuencia de una sociedad industrializada y capitalista, y sus extremos actos de violencia carecían de justificación alguna porque no la necesitaban.
Pero, por encima de todo, lo más inquietante eran sus máscaras. El misterio sobre su verdadero rostro y la razón por la que lo escondían (deformidad, timidez, quemaduras, cicatrices, traumas infantiles... estaba claro que buenos motivos no eran) provocaron una irresistible atracción entre el público que los catapultó dentro de la iconografía pop hasta aparecer en camisetas, portadas de revistas y todo tipo de merchandising. No es de extrañar, por tanto, que el fenómeno saltara de la gran pantalla al mundo de la música, siendo el grupo de metal Slipknot el primero en saber aprovechar y explotar hasta el máximo las posibilidades de tocar detrás de una careta (el guitarrista Buckethead también ha sabido dar cuenta de ello).
Ahora le llega el turno a 'Los extraños', film cuyos malvados protagonistas traen aprendida la lección de taparse la cara bajo siniestras formas. Sin embargo, y tal vez por las expectativas creadas, estos tres personajes no logran asustar más allá del cartel y de los treinta primeros minutos de película. Para empezar, la parte de los sustos en los que no pasa nada se alarga demasiado, y para cuando quiere empezar la acción, el espectador ha caído en la indiferencia sobre el devenir de las víctimas. Paradójicamente, el hecho de atrasar la acción precipita el final, haciendo que la cinta peque de corta.
Por otro lado, el relato en sí recuerda demasiado al de 'Funny Games', pero los resultados son bastante distintos, y los psicópatas con aspecto de niños bien del film de Michael Haneke logran aterrorizar más con sus polos Lacoste que estos asesinos enmascarados. Todo ello, unido a alguna que otra inverosimilitud y la falta de profundidad en los personajes (¿de dónde salen? ¿por qué matan? lo desconocido suele asustar más, pero aquí se llega a echar de menos algún dato), hace pensar que tal vez otro formato como el cortometraje hubiese sido más conveniente a la hora de narrar esta historia de horror que, al igual que tantas otras, arranca bien pero no consigue explotar su potencial. No obstante, los que hayan conseguido disfrutar de la película están de enhorabuena, ya que efectivamente es tan corta que la productora, Rogue Pictures, ya está trabajando en su secuela. Eso sí, sin confirmar si repetirán realizador o reparto.
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