Autor crítica:
FERNANDO BELZUNCE
El Oscar a la mejor película en habla no inglesa permitirá a ?Los falsificadores? atraer a bastantes más espectadores de los que sus productores habrían imaginado. La película está bien, muy bien, pero contaba con varias trabas comerciales antes de su estreno: una, que es austríaca, un país siempre inquietante (cinematográficamente hablando); dos, que se detiene en la humillación de una serie de personajes, lo que no invita precisamente a la relajación, y tres, que va de campos de concentración nazis.
Lo de los nazis y sus cárceles sigue siendo un gran misterio fílmico. Cada año, desde hace muchísimos, surgen varias películas que repasan el asunto y todas ellas encuentran nuevos puntos de vista sobre semejante tragedia. El de ?Los falsificadores? presenta el de Salomon Sorowitsch, un timador bohemio y extraordinario que sobrevivió a su condición de judío gracias a un talento inigualable que bien pudo provocar la bancarrota de Gran Bretaña al final de la Segunda Guerra Mundial.
Sorowitsch (Karl Markovics), un ?bon vivant? aficionado al lujo, los casinos y las mujeres, fue enviado a un campo de concentración en 1944. Allí, recluido en una jaula de oro, ayudó a los nazis a falsificar más de 130 millones de libras esterlinas, protagonizando la mayor estafa de la historia. La cinta muestra que su éxito le permitió vivir con ciertos privilegios y sin peligro en medio del infierno, aunque tampoco le eximió de soportar la implacable maquinaria de humillación nazi.
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