Autor crítica:
RICARDO ALDARONDO
Al ver Los fantasmas de Goya vuelve constantemente a la mente El puente de San Luis Rey. Es el mismo caso. Una producción generosa en dinero y medios, con un reparto internacional cargado de nombres, con tema hispánico e histórico, rodada en España, pero hablada en inglés. En ambas películas coinciden dos de los productores, Denise ODell y Mark Albela, y algunos excelentes profesionales, como la diseñadora de vestuario Yvonne Blake y el director de fotografía Javier Aguirresarobe.
De nuevo, sobre el papel todo es atractivo. Pero, de nuevo, sobre la pantalla, todo aparece como un despropósito sin orden ni concierto, y sin la profesionalidad y el talento que siempre ha demostrado, de un modo u otro, el director Milos Forman. Así que sólo cabe preguntarse el porqué sin encontrar respuesta. Un guión nada interesante puede tener la culpa, pero no toda, teniendo en cuenta que es del en un tiempo venerado Jean-Claude Carrière que escribió para Buñuel, y del propio Forman, y que ambos ya colaboraron hace 35 años en Taking Off. Tampoco es posible explicarse que Javier Bardem esté tan rematadamente mal, en el peor papel de su vida, desde luego de la pasada, y muy probablemente de la futura, ayudado por un autodoblaje de risa y un cambio de personalidad a mitad de película que no se sostiene por ningún lado. A Natalie Portman tampoco le han hecho un favor: después de ser rapada en V de Vendetta, aquí es enseguida apaleada y deformada para toda la película, y sólo puede poner caras de desmedido dolor.
Pero el peor favor se lo han hecho a Goya, cuya personalidad y pintura se suponían protagonistas en una película en que en realidad se queda en secundario observador, inerte y timorato, de una historia de folletín que ni siquiera tiene los atractivos de ese género, la vertiginosa sucesión de acontecimientos y romances. Al final de la película se canta la canción de El pelele. No va dedicada a Goya, pero él como personaje y artista es el más perjudicado en este desfile de muñecos sin vida. Ah, hay una secuencia muy bonita: la confección de grabados.
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