Autor crítica:
E. RODRIGUEZ MARCHANTE
El cine rumano es desde hace algún tiempo el más animoso del continente. Ha salido en tromba del túnel y ha asumido un papel lleno de riesgo y dignidad: hay muchas cosas que contar. A la película de Christian Mungiu ("4 meses, 3 semanas, dos días") le siguen (o preceden) otras que darán testimonio del pasado, presente y tal vez futuro de ese país no tan lejano. Cineastas como Lucien Pintilie, Cristo Puiu, Corneliu Poromboiu o el propio director de "Love Sick", Tudor Giurgiu, le han arrebatado esos lugares de privilegio en los festivales internacionales que habían venido teniendo los directores iraníes, coreanos o chinos. Ahora son ellos los amos.
"Love sick" es una película apreciable, que trata uno de esos asuntos pendientes para un país que aún se limpia las telarañas del comunismo. Se centra en los amores tortuosos de una joven con su hermano y, a la vez, con otra chica de su edad... Es decir, persigue en porciones de secuencias la relación incestuosa y la lésbica, con sus consiguientes raciones de celos, enlazándolas en un ejercicio peligroso de banalidad, pues sólo un personaje de los tres (el de la amiga lésbica) tiene una cierta consistencia y profundidad.
Resulta curioso que se subraye, tal y como ya lo hacía la celebrada película de Mungiu sobre el aborto, la auténtica crisis de valores en la familia rumana alrededor de una mesa de comedor: no es que se pierdan las formas mientras comparten la comida..., es que se elige ese momento y lugar como el más apropiado para perderse el respeto. Curioso, como curioso es también que el cine más de "ahora" de Europa sea, en el fondo, tan de antes, tan anticuado, tanto en sus fondos trillados (sí, hay muchas cosas que contar..., pero ya contadas mucho antes) como en sus formas tan encorsetadas como la carne en el interior de un Fórmula 1.
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