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Más allá de los sueños

Autor crítica: Atala Martín

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Sí es Adam Sandler, para lo bueno y para lo malo. En este caso, más para lo esperpéntico y genial porque Sandler, además de ser un hombre de espectacular talento para lo grotesco, es un cómico de bis fácil y neutra, de traza dubitativa (no como Woody Allen, claro está) y de aspecto (cada vez está más gordo) afable.

La idea, que si bien no es original en su planteamiento sí lo es en su desarrollo, parte de la remota posibilidad de que los sueños de un cuasicuarentón puedan convertirse en realidad de un día para otro.

Sandler trabaja en un hotel, haciendo chapuzas varias, que años atrás fue propiedad de su padre. Sin embargo, su gran sueño es el de regentarlo. Su hermana, Courtney Cox, le deja al cargo de sus hijos durante una semana mientras busca trabajo y durante esos días, Sandler les cuenta un cuento por la noche que al día siguiente se materializa con algunos matices.

Son precisamente esas diferencias y la aportación al cuento por parte de los niños, lo que produce las situaciones más hilarantes de la película, cuyo único fin es el de arrancar una sonrisa a un público más bien infantil. La pretensión última es el divertimento porque sí (más o menos como en Un papá genial o El aguador). No hay moraleja y tampoco intencionalidad.

Sólo sal gorda para una hora y media que, si bien no quedará en el corazón de nadie, podrá visualizarse varias veces sin sufrir ningún ataque de ansiedad por parte de ningún padre. Es lo que tiene la comedia adamsandliana.

La presencia de Rob Schneider en Más allá de los sueños, era una presencia más que esperaba ya que sale en todas y cada una de las películas de Adam Sandler.

A quien sí hemos echado de menos ha sido a John McEnroe, también muy presente en algunas de sus comedias de los últimos tiempos.

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