Autor crítica:
E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
La pelota choca contra la red que separa el campo; choca y sale rebotada hacia arriba; vuelve a caer sobre la cinta de la red y duda si caer a un lado u otro del campo: si cae del tuyo, pierdes; si el rebote la hace caer hacia el otro lado, ganas. La suerte, el destino, la fatalidad, el azar_ De qué modo tan inteligente y con cuánta sencillez, Woody Allen nos revela al oído la fórmula secreta de ese polvillo caprichoso que llamamos porvenir, o providencia. Y desde el mismo arranque de "Match point" hasta el genial requiebro del desenlace, nos envuelve toda una teoría sobre la resignación y el inconformismo, sobre la casualidad y sus imprevistos, en una película (en realidad, dos) que tiene tanto de "thriller" ingeniosísimo y matemático, como de drama moral y de probeta en la que advertir el efecto levadura en las ambiciones y codicias del ser humano. Con una ligera brisa a lo Patricia Higsmith, Woody Allen construye su última y, como siempre, mejor película; con la particularidad de que no se parece, al menos si se la agarra por las asas, a ninguna de las anteriores. Se centra en unos cuantos personajes (ingleses) alrededor de su conejillo de indias, o protagonista, un joven dispuesto a cualquier cosa por ascender socialmente, por instalarse_ Su retrato del ambicioso arribista es magnífico: ni siquiera le cae mal al espectador (aire Higsmith al colocarnos de parte del "villano"). En esa trama tan interesante como desoladora, coloca, como es lógico, su inevitable y verdoso sentido del humor y su ya proverbial deje irónico sobre todo lo que huela a historia romántica. Al amor lo devora el sexo y al sentido común la ambición. Bueno, no hay muchas cosas que contar sin despellejar en cierto modo la historia. Pero se intentarán dejar unos brochazos sobre ella que, si no pistas, sí den al menos algunas referencias o algunos peldaños en los que poner los pies: Los cuatro magníficos actores de primer término, Jonathan Rhys Meyers, Matthew Goode, Emily Mortimer y Scarlet Johansson, forman aunque parezca mentira un increíble trío. La historia se juega en dos campos que tienen mucho que ver: el tenis y la ópera. Se ha contado muchas veces, pero nunca así: nada ahoga tanto como una pasión liberada y encabritada. Y ésta sé que es una osadía: tiene la escena de ardor bajo la lluvia más voluptuosa de la historia, incluida aquella inmortal de "El hombre tranquilo". No aparece ni en un solo plano la jeta de Woody Allen, y milagrosamente nadie la echará en falta. Hay tanta "química" entre Jonathan Rhys Meyers y Scarlet Johansson, que empañan la cámara y las gafas de Woody Allen. Es más difícil reírse en esta película que en cualquier otra de este director, pero también es más difícil mantenerse impasible o flemático ante el desbordamiento de emociones, de pasiones, de inteligencia y de minucioso conocimiento del alma humana con el que trama un guión tan bueno, tan fino, tan bien hilvanado y resuelto con una lucidez tan apabullante que uno sale de él consternado y al tiempo en ebullición, como un caldero de sopa en la que flotan tajadas de pesadumbre. Porque, y esto es lo mágico: ¿es un final feliz o es el más infeliz de los finales?
Qué puntuación le das? Opina!