Autor crítica:
Atala Martín
Sólo en contadas ocasiones en nuestras vidas, nos vemos ante situaciones complejas que necesitan de medidas específicas. Es obvio que casi ninguno no somos superagentes, ni superhombres, ni estadistas ni equilibristas. Tampoco somos, por regla general, unos infames rastreros que sólo miramos por el dinero, el poder y la fama.
Para bien o para mal, los seres humanos somos todo eso y mucho más. Ni blanco ni negro, y tampoco gris, que es un color pasadero y como tal imperfecto.
En esas contadas ocasiones, decía, se define si un ser humano tiene más de yin que de yang, de sandio cuajón o de inteligente y sagaz.
Michael Clayton (George Clooney) se encuentra en una ocasión contada. Siendo un abogado procesalista, de esos que no llevan los casos hasta el final de sus consecuencias, es un arreglador, un fixer que apaña las situaciones radicales un, como se define así mismo, basurero de esos que tratan de que las cosas se ensucien lo menos posible para no tener que limpiarlas. Un hombre pequeño que se ha metido en negocios de hostelería, que tiene deudas de juego, un hermano drogadicto y está separado y con un hijo al que no hace mucho caso.
Y de repente, llega esa coyuntura en su vida.
Su mejor amigo, también abogado del inmenso buffet en el que ambos trabajan, lleva la defensa de una empresa fabricante de un producto que ha provocado la muerte de cientos de granjeros. El amigo descubre unos documentos en los que éticamente desmonta cualquier posible defensa de la compañía agrícola, lo cual va en contra de los intereses de su propia empresa, que lleva facturados millones de dólares a la primera.
El amigo muere en extrañas circunstancias, y Michael Clayton hereda el caso más que nada para evitar el Damnum emergens producido por el fallecido.
Hasta dramático final, es espectador no sabrá si Michael Clayton es sólo un hombre pequeño en apariencia o uno grande de facto.
Pese a que la trama podría recordar a otras que huelen a Oscar (Erin Brokovich sin ir más lejos) Michael Clayton tiene mucho de original. Más que los diálogos, algunos sublimes, son las narraciones, la voz en off de Tom Wilkinson, las interpretaciones de Tilda Swinton y de Sydney Pollack, sobresalientes, y sobre todo, por fin estoy convencida, la de George Clooney, que se ha convertido en uno de los grandes, muy grandes gracias a Michael Clayton.
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