Autor crítica:
JAVIER CORTIJO
A veces los trivial cinéfilos tienen una curiosa retranca. Por ejemplo, el Mercedes sedan clase S con el que se pasea algún tiburón leguleyo de la sesuda y comprometida "Michael Clayton" se utilizó anteriormente en... "El diablo viste de Prada", prototipo de cine burbujeante y con garras de astracán. Cosas de la globalización del Séptimo Arte, que permite que una de las estrellas con más glamour viril se lleve crudos 20 millones de dólares por bailar con sus amigotes en los diversos "Oceans" y, al mismo tiempo, los reinvierta en fabricar incómodos y potentes torpedos contra la línea de flotación del "establishment" como "Syriana", "Buenas noches y buena suerte" o este ejemplar debut como director de Tony Gilroy, avispado guionista de títulos como "Pactar con el diablo" o la saga "Bourne".
Hablamos, por supuesto, de George Clooney quien, junto a su compañero de fatigas productoras Steven Soderbergh, sigue en sus trece de "querer cambiar el mundo con un puñado de películas", entre las que se encuentra ésta: un minucioso retrato poliédrico de Michael Clayton, "machaca" de un famoso y corrupto bufete de abogados neoyorquino que ve tambalear sus principios al descubrir que su firma ha defendido los intereses de una multinacional agro-química responsable de la intoxicación de cientos de granjeros. En definitiva, una piedra más en el zapato del Sistema que demuestra que la moda protestona-setentera es el último grito en Hollywood. Hasta Sydney Pollack vuelve a trabajar como actor...
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