Autor crítica:
JAVIER CORTIJO
Mansiones encantadas, caserones con vida propia, palacetes "regomeyos"... el cine de terror está plagado de un urbanismo más endiablado que el de la Costa del Sol. Y no solo el clásico, como "El caserón de las sombras" (ese Boris Karloff) o "La caída de la casa Usher" (ese Vincent Price), sino también el dirigido a los espectadores más pequeños. ¿Crueldad? ¿Tranquilizante de choque? ¿Infanticidio? Robert Zemeckis, una autoridad en la materia, da en el clavo: "Creo que a los niños les gusta estar asustados, sentirse como si entraran en el túnel del terror y en la casa de la risa de un parque de atracciones".
Y el director de "Regreso al futuro" sabe bien lo que tiene entre manos, ya que en su filmografía ha barajado a menudo los componentes maestros de "Monster House": la animación revolucionaria (recordemos "¿Quién engañó a Roger Rabbit?" y "Polar Express") y el susto ("Lo que la verdad esconde" e "Historias fantásticas"). Incluso mezcló ambos en filmes como "Forrest Gump" o "Contacto", que de puro bobo daban miedo.
Así que ahora se ha vuelto a asociar con su amigo y "hermano mayor" Spielberg para darle otra vuelta de tuerca al asunto en este filme, que presenta a tres muchachitos en las orillas de la pubertad que descubren, al final de la calle, una casa que "engulle todo lo que tiene a la vista". La única solución es colarse en sus entrañas utilizando como cebo una aspiradora-espantapájaros y, con las pistolas de agua con el depósito lleno, acabar con la caldera de la bestia. ¿Cabe mejor cascabel argumental para colgarlo del cuello doceañero?
Aparte de contar con un director como Gil Kenan, cuyo corto "The Lark" encandiló al mismísimo Spielberg, y un fenomenal reparto de voces que incluye a Steve Buscemi, Maggie Gyllenhaal o Kathleen Turner, el elemento por el que "Monster House" podría pasar a la historia de la animación responde al nombre de "captura de movimiento". Algo ya experimentado en "Polar Express" pero que aquí adquiere una nueva dimensión cuando, por ejemplo, a la casa le salen patas y empieza a campar por sus anchas. "Es la mezcla perfecta entre el cine de acción en vivo y la imagen generada por ordenador. Así tienes control sobre las imágenes y puedes trabajar con actores de carne y hueso, con todas sus ventajas e inconvenientes", reconoce Zemeckis. Todo ello, además, bajo la supervisión directa de "nuestro" Pepe Valencia, con una década en Sony Pictures Imageworks a sus espaldas. En fin, una burbujeante aventura para que el jovencito espectador empiece a sentir la aterciopelada garra del cine de terror. Cuanto antes, mejor.
A los amantes de los números no se les habrá escapado un dato: un 14 de mayo vinieron al mundo los dos mayores representantes del cine-espectáculo desde los tiempos de Cecil B. DeMille: George Lucas (1944) y Robert Zemeckis (1952). Ambos, además, "amamantados" bajo el embrujo y/o la tutela del tercero en discordia (aunque hace tiempo que posee otras inquietudes más allá del mero entretenimiento): Steven Spielberg. En el caso de Zemeckis, podría decirse que casi es el "ahijado" oficial del Rey Midas de Hollywood, ya que éste le produjo algunos de sus filmes iniciales, incluyendo uno de los hitos comerciales de los años 80: "Regreso al futuro", además pionero en la moda de las "secuelas simultáneas". Pero también Zemeckis es algo más que un malabarista nato: de hecho, otro de sus filmes señeros, "Forrest Gump", contiene una de las mayores críticas al sueño americano de los 60 jamás realizadas. Hollywood encajó tan bien el golpe, que le premió con los premios gordos en la ceremonia de los Oscar de 1994, entre ellos mejor película, director y actor para Tom Hanks, quien volvería a trabajar con el cineasta en "Náufrago", su otro drama "superviviente" por excelencia. Ahora, parece que la animación le ha engolosinado especialmente. A ver si con suerte resucita al gran Roger Rabbit.
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