Autor crítica:
FEDERICO MARÍN BELLÓN
¿Quién no se ha enamorado en París o ha ido a París enamorado? En el peor de los casos, ¿quién no ha soñado con ir a París cuando estaba enamorado? Directores de todos los sabores cantan las excelencias y las miserias de este sentimiento unviersal y eterno en dieciocho historias que transcurren en sendos barrios de la capital francesa. "Naturellement", su calidad es muy dispar, casi tanto como su temática, pero como ocurre siempre con las cosas del corazón, o debería ocurrir, es preferible quedarse con lo bueno.
Quien quiera conocer la nómina completa de cineastas y actores (algunos juegan a intercambiar papeles e incluso a simultanearlos) debe saber que ni siquiera en la ficha adjunta caben todos sus nombres, por lo que el aficionado inquieto deberá buscarlos en internet, por ejemplo. Citarlos aquí sería como copiar las matrículas de todos los coches vistos durante un paseo por cualquiera de estos barrios parisienses, sin reparar en sus infinitas posibilidades románticas.
No es cuestión de ponerse blandito, pero da gusto descubrir a Natalie Portman en Faubourg Saint Denis, compartir metro con Steve Buscemi en Tuileries (el billete se lo pagaron los Coen, claro, que siguen tostando su sentido del humor), cuidar de un bebé junto a Nick Nolte en Parc Monceau... Incluso Javier Cámara tiene sus segundos de gloria. En París se pueden vivir historias de vampiros, actores drogadictos, enfermeros con pasión (y compasión), peluqueras chifladas y mimos acompasados. En sus calles caben las fantasías sexuales de la tercera edad, los sueños eróticos de la madurez y hasta los coqueteos interraciales de los jóvenes. No hay dos formas iguales de vivir el amor y no hay dos amores que no se parezcan. Por eso, sentarse a ver 18 piezas sobre asunto tan universal e inagotable, rodadas con mimo por figuras de relumbrón, pues es un placer.
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