Autor crítica:
O. L. BELATEGUI
Hace cuatro años la Disney acabó con la maldición del cine de piratas. En 1986, Roman Polanski se arruinó con Piratas; diez años después, Renny Harlin llevó a la bancarrota a la productora Carolco y su matrimonio con Geena Davis gracias a La isla de las cabezas cortadas. Así que, en 2003, nadie daba un dólar por Piratas del Caribe: La maldición de la perla negra.
Era la primera producción de un estudio basada en la atracción de un parque temático. Los guionistas no tuvieron que exprimirse las meninges demasiado. Fueron a Disneylandia, se montaron en el barco pirata y sembraron de humor los arquetipos del género: un héroe (Orlando Bloom), la hija del gobernador (Keira Knightley) y un corsario canalla (Johnny Depp).
La aventura tradicional se tiñó de elementos fantásticos: la tripulación de La Perla Negra es víctima de un conjuro que les condena a vivir eternamente, transformándose cada noche en esqueletos vivos. Tan aparatosos como los efectos digitales resultaron los mohínes de un desatado Johnny Depp, que se inspiró en Keith Richards para vestirse y optó por la parodia en su composición de Jack Sparrow, una locaza cargada de rímel que, para más inri, le proporcionó una candidatura al Oscar.
Casi quinientos millones de euros de recaudación mundial forzaron a un nuevo rodaje del que saldrían, de un tirón, la segunda y tercera partes. El cofre del hombre muerto profundizó en los elementos macabros y el humor gamberro. Resultado: 746 millones de euros, la tercera película más taquillera de la historia, por detrás de Titanic y El señor de los anillos: El retorno del rey.
Y aquí tenemos de nuevo el cóctel de bucaneros, batallas navales, espectros con tentáculos y amoríos entre Depp, Bloom y Knightley. Quién le iba a decir al protagonista de Ed Wood que arrastraría masas a los cines. Se ha embolsado 30 millones de euros por su trabajo y ha logrado imponer a Keith Richards para encarnar a su padre en un papel visto y no visto. La promoción también se la ha tomado con pachorra. Preguntado por sus besos a Keira Knightley, 21 años más joven que él, contestó: "Los besos son siempre muy molestos en el cine. ¿Ella es como una niña de tres años y yo como un viejo de cien!". Pero advierte, interesado: "Reconsideraré otra parte de Piratas".
Casi tres horas
Sin el prestigio de Star Wars y El señor de los anillos, la franquicia más taquillera de la historia llega al final de su travesía. Las 827 copias que colapsan las salas españolas se suman a las miles que inundan este fin de semana los cines del mundo. Tras Spider-Man 3, Hollywood confía este verano en las terceras partes para hacer caja. Shrek 3 barre en Estados Unidos; el 28 de junio lo hará entre nosotros.
Lástima que Keith Richards haya sido apartado de la promoción por la familiar Disney, a cuenta de sus declaraciones en la que confesaba haber esnifado las cenizas de su padre. Hubiera dado más juego que los datos promocionales suministrados con detalle a los periodistas. Piratas del Caribe: En el fin del mundo se rodó en Los Ángeles, Hawai y el Caribe. El estudio asegura que se comenzó a filmar sin guión y que el montaje inicial sobrepasaba las tres horas (el filme dura 168 minutos).
Por si acaso, y para evitar las malas críticas de las dos entregas anteriores, la cinta no ha sido mostrada a los periodistas antes de su estreno. "Cuando uno tiene a 140 piratas batiendo sus espadas bajo la lluvia mientras ventiladores gigantes crean un huracán e intentas decir bien tus diálogos, en lo último que piensas es en los críticos", reconoce el actor Geoffrey Rush, que regresa de la tumba como el capitán Barbossa. Davy Jones (Bill Nighy) también vuelve con su rostro de pulpo y el corazón en un cofre.
La estrella oriental Chow Yun-fat es el fichaje de lujo, el sanguinario bucanero chino Sao Feng. Quizá porque el malo de la película es de allí, en China los censores han obligado a cortar veinte minutos y a posponer el estreno al 12 de junio. Mientras, el director Gore Verbinski, que entre la trilogía le dio tiempo de dirigir la estupenda El hombre del tiempo, deja abierta la puerta a la cuarta parte. "Dejémoslo en Nunca digas nunca jamás. Johnny Depp no ha dicho su última palabra sobre el capitán Jack Sparrow".
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