Autor crítica:
Amanda Samper
Cuando la ambición choca con la fé, el problema se erige como uno de los dilemas que llevan al género humano a desear lo inalcanzable. A principios del siglo XX, el precio del "oro negro" está en auge y sus utilidades son infinitas. Esto hizo que muchos visionarios encontraran la gallina de los huevos de oro que les sacaría de sus penurias.
Paul Thomas Anderson, aprovechó el argumento de la novela Oil! de Upton Sinclair de 1927 que trata de estas penurias y la ambición que genera el petróleo, para escribir y dirigir There Will be blood, una película cuya historia habla acerca de la familia, la ambición, la religión, la fé y el petróleo, sobre todo del petróleo que fluye sin cesar a lo largo de las dos horas y cuarenta minutos que dura la cinta.
La película cuenta con la magistral interpretación del más que controvertido actor Daniel Day Lewis y las soprendentes actuaciones de Paul Dano (el joven extraviado de Pequeña Miss Sunshine) y del joven Dillon Freasier, quien da vida al hijo del magnate del petróleo Daniel Plainview. La ambición de éste le lleva a querer perforar media California en busca del ansiado tesoro y ni su hijo ni la fe del joven párroco Eli Sunday podrán parar su ambición.
"There will be blood" o como se ha traducido al español "Pozos de ambición" se ha convertido en una de las películas que lucha por premios en los distintos "campeonatos cinematográficos" que se desarrollan durante estos días. Además, la cinta inaugurará la próxima edición del Festival de Berlín.
Con varios galardones a sus espaldas por parte de la crítica estadounidense, el último ha sido el de Globo de Oro al mejor actor protagonista para el más que destacable trabajo de Daniel Day Lewis, que da vida a un despiadado y avaricioso petrolero que es capaz de vender a su hijo por algunos barriles. Toda una joyita del cine que algunos no han tardado en tachar de magistral.
Si hubiera alguna pega que ponerle es la duración. Un metraje más que desorbitado para mostrar lo malo malísimo que puede llegar a ser Daniel Plainview-Day Lewis en pantalla. Gracias a su impecable interpretación esto queda más que claro a la media hora de película.
Algo a destacar, además de las poderosas interpretaciones es la fotografía y la banda sonora. Johnny Greenwood de Radiohead es el encargado de poner la guinda con una música muy particular. Como poco, apropiada basada en instrumentos metálicos que simulan los pozos petrolíferos y que marcan el ritmo del filme alternándose con piezas más clásicas. Simplemente, original.
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