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Siete mesas de billar francés

Autor crítica: ANTON MERIKAETXEBARRIA

Valoración del crítico:

0


Blanca Portillo logró con todo merecimiento la Concha de Plata como Mejor Actriz en la reciente 55ª edición del Festival de Cine de San Sebastián, mientras que la directora Gracia Querejeta consiguió el galardón al Mejor Guión (compartido con el realizador norteamericano John Sayles por Honeydripper) gracias a Siete mesas de billar francés.

Es ésta una agridulce historia familiar que da comienzo cuando Ángela (Maribel Verdú) y su hijo, Guille, llegan a la gran ciudad ante la repentina enfermedad de Leo, padre de ella y abuelo del chaval. Cuando llegan, Leo acaba de morir. Entonces es Charo (Blanca Portillo), amante del difunto, la que se encarga de poner a Ángela al corriente de la ruina del negocio de una sala de billares. Recuperar todo lo invertido y apuntarse una difícil carambola a tres bandas en la partida final se convertirán en sus dos grandes retos.

Original premisa argumental, capaz de calar en el ánimo del espectador por su sencillez y suave lirismo, por la autenticidad que rezuman sus personajes y situaciones, enraizadas en la vida cotidiana de unos seres profundamente humanos. Filmada con pericia, fluidez y corrección, la película se distingue, sobre todo, por su brillante plantel estelar, con mención especial para Maribel Verdú y Blanca Portillo. La primera, con su proverbial sutileza a la hora de dar vida a personajes de muy distinta condición, metida aquí en la piel de una mujer corajuda, pero que arrastra una represora dependencia paterna.

Consumada actriz, que puede ser sensible, modesta y hasta humilde (¿quién no la recuerda en El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro?), pero también mujer fatal, con el alma oscura o severa, irónica e implacable. ¿Un volcán dormido? Quizás, siempre que la ocasión así lo requiera. Es una actriz tan versátil como sincera. El secreto de su arte reside en su habilidad para estilizar el rostro y los gestos de tal manera que surge de inmediato un sentimiento inconfundible.

Por su parte, Blanca Portillo ya nos mostró la medida de su inmenso talento con Volver, de Pedro Almodóvar, refrendado en esta ocasión con un trabajo interpretativo de altos vuelos, dotado además de una femineidad a ras de suelo, directa, sin componendas de ningún tipo. Y es que un arrebato de su ira nos persigue hasta nuestros sueños más íntimos.

En definitiva, estamos ante unas actrices de lujo para un muy digno esfuerzo creativo que no tiene ni un solo fotograma televisivo. Así que, en la particular guerra entre las imágenes de cine y las de televisión, Siete mesas de billar francés ha ganado en esta ocasión una importantísima batalla.

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