Autor crítica:
RICARDO ALDARONDO
Parecía que no, o así lo había escrito Lois Lane, pero resulta que sí: el mundo necesita aún a Superman. Y bienvenido sea, sobre todo porque el director de Superman Returns, Bryan Singer, es un tipo fiable, y no como tantos principiantes en cuyas manos suelen caer tantas películas de superhéroes. Singer dio una fuerza insospechas a los X-Men y ahora sale victorioso con Superman.
Lo que se le puede achacar al director, y también coautor de la historia original, es su conservadurismo, no político, sino afectivo. Le ocurre un poco como a Peter Jackson, que quiere tanto al original que su devoción no le permite ir mucho más allá que el original. Sólo que en King Kong ese equilibrio entre nostalgia y modernidad era mucho más perfecto. Bryan Singer, más que una quinta parte de la saga, ha acometido una especie de remake disimulado de la primera, la que dirigió Richard Donner y lanzó a Christopher Reeve. El tema que suena en los títulos de crédito es el original de John Williams (aunque luego la banda sonora es del más discreto John Ottman), la estructura es muy similar a la de Superman, y abundan las referencias y homenajes en estéticas y diálogos. No hay problema: todo eso está muy bien integrado, especialmente la figura paterna en imagen del más allá.
Por lo demás, estamos ante el Superman que todos queremos, con Brandon Routh que toma el testigo con todo honor y respeto de Christopher Reeve, y posee la perfecta combinación entre ingenuidad y fortaleza que su doble personalidad requiere, aunque a veces su maquillaje, o el tratamiento digitalizado de su rostro, vaya usted a saber, le hacen aparecer un poco madelman.
Es un hallazgo bien aprovechado eso de que Lois Lane esté casada y con niño, porque tanto la sutil competencia entre los dos hombres, como la presencia de un niño nada repelente y con un rol importante (atención a su piano), dan juego para el constante y encantador humor. Con un malo estupendo creado por Kevin Spacey, huyendo del efecto-espectáculo porque sí, y con una estética entre art-decó y supertecnológica, como es debido, Singer monta dos horas y media de espectáculo ameno, cómplice y vibrante y entrega al superhéroe con toda dignidad a las nuevas generaciones.
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