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Vicky Cristina Barcelona

Autor crítica: Raúl Martínez

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Aunque es mucho simplificar, se podría decir que desde que Woody Allen dejó de mirarse a sí mismo -a sus fobias, a sus neuras, a sus problemas con las mujeres- y empezó a mirar al mundo, le han salido las películas más negras no sólo de su filmografía, sino de buena parte del cine estadounidense de los últimos años. Que la película sea un drama como 'El sueño de Casandra', una comedia como esta 'Vicky Cristina Barcelona' o una mezcla de ambas como 'Melinda y Melinda', el diagnóstico es siempre el mismo: la imposibilidad de encontrar la felicidad completa, y menos aún a través de las relaciones de pareja, lo azaroso de la vida, el triunfo de lo absurdo…

En su última película Woody Allen contrapone intencionadamente dos tipos de mujeres absolutamente antagónicos para demostrar el fracaso de ambos modelos.

El personaje de Rebecca Hall es una mujer estable y con las ideas claras de lo que busca en el amor y en la vida, con un sólido proyecto de futuro. Por el contrario, el de Scarlett Johansson sólo sabe "lo que no quiere", pero no tiene ni idea de lo que quiere. Lo que sucede a ambas durante su estancia en Barcelona y Oviedo a lo largo de un verano volverá del revés sus ideas. La felicidad no está en las relaciones aparentemente sólidas ni tampoco en el amor libre, no está en la estructura familiar tradicional ni en la vida bohemia.

Por supuesto Woody Allen no da ninguna solución a esta especie de epidemia de insatisfacción, pero a lo largo de sus últimas películas deja entrever que su pensamiento en cuanto al éxito de las relaciones amorosas es que éste resulta tan azaroso como la pelota de tenis de 'Match Point' que puede caer de uno u otro lado.

Por lo demás, lamentar que me vi obligado a ver la película en su versión doblada, ya que en mi ciudad (como en tantas otras) no existe programación en Versión Original. Gracias a ello no tuve oportunidad de disfrutar de los gags que Woody Allen escribió para esta película basándose en la confusión idiomática entre las turistas estadounidenses y los personajes españoles interpretados por Javier Bardem y Penélope Cruz. Estos sketchs han sido camuflados de la forma menos chapucera posible por el doblaje, pero aún así no han podido evitar que se pierda la intención del director de la película.

De toda la paleta actoral destaca por supuesto Penélope Cruz, si bien es cierto que su personaje neurótico al borde siempre de la crisis es el más agradecido de todo el guión. La actriz aprovecha excelentemente el regalo que Allen le sirve en bandeja y consigue hacer reír a toda la sala cada vez que aparece en escena con sus tacos y su carácter indomable. Allen ha creado arquetipos (ese macho ibérico de Bardem) más que personajes porque pretendía crear un cuento moral acerca de las relaciones humanas. Por ello ha habido quien ha relacionado esta película con Rohmer, si bien el director francés nunca necesitó recurrir a los personajes-idea para sus parábolas. Eran personajes mucho más complejos que los de esta película.

En definitiva, resulta un Allen estimable, lejos desde luego de sus mejores obras, pero bastante mejor que casi cualquier cosa que la cartelera ofrezca en este momento. La pregunta ahora es si el cineasta neoyorquino va a seguir girando sobre las mismas claves de estas últimas películas o nos va a ofrecer algo diferente. Su filme de 2009 se titula 'Whatever works' y está protagonizado por Evan Rachel Wood. Veremos...

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