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En la ciudad de Sylvia

Autor crítica: E. RODRIGUEZ MARCHANTE

Valoración del crítico:

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Cada demasiado tiempo, José Luis Guerín hace una película. Y cada película de Guerín es un saludable ejercicio de congruencia, además de un lujo en el sentido más severo de la palabra. El esquema que plantea en esta ocasión es tan escueto como claro y transparente, y la única dificultad que le supone al espectador es aceptarlo en su sencillez y su franqueza. Esto es lo que hay: un joven conserva en su memoria a una mujer que conoció en Estrasburgo y ahora, seis años después, la busca entre los rostros de una mañana soleada en la terraza de un bar. Punto y... seguido: la encuentra (¿la encuentra?), la persigue (¿la persigue?), se conocen (¿se conocen?)...

La cámara de Guerín convierte al espectador en un James Stewart en su ventana y le permite disfrutar de ese "peligro" de mirar a los demás, descubrirlos en sus gestos, en sus caras. La sutileza de esa cámara le permite, también, otro descubrimiento genial, o absurdo: el cambio de luz de un rostro cuando se sabe mirado.

Mirar: el verbo preferido de un cineasta, conjugado aquí con absoluta sinceridad e inocencia. En construcción: el aire primaveral, un efluvio en la luz y el color construyen una atmósfera, un estado en el que se percibe o huele la necesidad de amar. Lo que hay, en cambio, es una NO historia de amor (como en aquel "In the mood for love" de Wong Kar wai).

Tal vez haya que decir que ésta, como otras películas de Guerín, podrían parecerle aburridas a un espectador apresurado. Si uno no tiene prisa, si le gusta mirar, ver..., quizá se divierta como pocas veces en la ciudad de Sylvia.

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