Autor crítica:
BEGOÑA DEL TESO
Alemana, rodada en aguas maltesas, hablada en inglés, interpretada por gentes que, a lo más, ha aparecido en algún episodio de C.S.I, filmada en vídeo al principio pero trabajada después en 16mm y Cinemascope porque el presupuesto se amplió ricamente, A la deriva navega y naufraga por las mismas aguas que triunfó Open Water, aquella historia de los dos buceadores novatos abandonados a su suerte mar adentro. Como ésta, A la deriva se vanagloria de estar basada en hechos reales: la increíble y triste historia de unos cuantos navegantes de domingo a los que no se les ocurre otra cosa que darse un chapuzón en alta mar y olvidarse de bajar la escalerilla para subir de nuevo a bordo...
El filme que se ve en la antigua Pescadería donostiarra y en la bahía de Txingudi añade un puntito más de angustia: a bordo queda una bebita que cuando tenga hambre se despertará y empezará a berrear, poniendo más nerviosa, si cabe, a su madre pero, al mismo tiempo, desarrollando en ella ese instinto femenino de loba que debe amamantar a sus lobeznos a cualquier precio...
A la deriva no está del todo mal por mucho que, antes de caer al agua, todos y cada uno de sus protagonistas se merezcan, se ganen a pulso, cualquier travesura, gamberrada o crueldad del Destino soberano. Luego, una vez a remojo, mejoran un poco. Ya se sabe, la proximidad de la muerte convierte en filósofo del Readers Digest a cualquier(a) descerabrad@.
A la deriva, que tuvo en nómina a dos guionistas y a dos supervisores de los diálogos e incluso a una diseñadora del vestuario, tiene un pasar, un estar, porque el mar siempre ha sido un grandísimo y magnífico paisaje cinematográfico pero, francamente, por mucho que intenten explicarlo, cuesta creer que deban desaparecer cuatro de los seis navegantes antes de que alguien decida realmente hacer palanca en una ranura, apoyarse firme y que otro alguien se suba a sus hombros y alcance la borda. Lo que pasa después es de un absurdo tan terrible que ni siquiera Jack Sparrow, el capitán caribeño, sería capaz de imaginárselo mientras desafía al Kraken. Pero nadie dijo que esto fuera a ser Náufragos de Hitchcock.
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