Autor crítica:
JAVIER CORTIJO
Si la semana pasada nos despachábamos algo cruelmente con "El ciclo Dreyer" y su "valiente afán de vanguardia", hoy nos tenemos que tragar con mostaza el chascarrillo contemplando esta, más que película, experiencia. Religiosa, por supuesto. Y eso que este "gran silencio" (hasta el título es tan puro que no camufla ironía) no tiene la culpa, naturalmente. Pero hay algo de vocación contracorrientista (aquí, nada impostada y artificial) en un tipo de cine al que hay que enfrentarse respirando muy hondo al entrar en la sala. A priori, este documental es carne de esa "biblia" de pacotilla que es el libro guinness: dura casi tres horas, apenas cruza palabra y supuso la primera "visita de un extraño" al monasterio cartujo del "Grande Chartreuse". Pero al talento y profundo respeto espiritual de Gröning le traen al fresco las plusmarcas.
O la gratuita contemplación de "ver crecer la hierba" de algunos "modernuquis". Lo suyo es un boquete enorme y luminoso hacia una nueva dimensión de entender la existencia, un pórtico rarísimo y sobrecogedor que convierte la rutina en gloria. Asistir a este espectáculo, y sobre todo al testimonio del monje ciego "parlanchín", puede remover conciencias tanto de católicos como de, pongamos, brahamanistas. Atrévase, y luego berree al vecino de atasco si tiene bemoles.
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