Autor crítica:
E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
Casi todo lo referente a esta película (o "remake") queda explicado en la brutal diferencia que hay entre su título original, "Melodía para un asesinato" ("Fingers", en original, original), y el que le endosa esta versión de Jacques Audiard, director de cine muy francés, que la ha llamado "De latir, mi corazón se ha parado", que hay que tener mucha seguridad en uno mismo para poner su firma delante de semejante frase. Por lo demás, las diferencias entre ambas no son excesivas, pues en los dos casos aparecen sobrevaloradas sus cualidades. La que presenta ahora Audiard, que al parecer se ha dado el pasado año un gran festín de espectadores franceses y ha conseguido una ristra de premios César comparable a las que suele ganar Amenábar de Goyas, tiene el aliciente al revés de no contar como protagonista con Harvey Keitel, sino con Romain Durais, otro tipo de dureza para esta historia cuya conexión con lo verosímil es relativa y tiene que ver con ese viejo tema del contrapeso entre el bien y el mal, o más certeramente, entre el arte y el crimen.
Esa ínfula en el título es causa o efecto de esa otra ínfula en el modo de narrar la historia de un hombre que se debate entre la sordidez de las mafias inmobiliarias y la exquisitez de la música de piano. Un título es al otro, lo que el cine de Jacques Audiard es al del ilustre setentero James Toback. Personalmente, veo discurrir la historia que cuenta el director francés como el agua de un río..., en una postal.
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