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La maldición de la flor dorada

Autor crítica: FERNANDO BELZUNCE

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Los entendidos aseguran que la emergente y poderosa China terminará por conquistar el mundo en las ceremonias de apertura y clausura de los próximos Juegos Olímpicos. El responsable de tales acontecimientos es Zhang Yimou, un cineasta dotado de un apabullante sentido estético que ha transformado películas como Hero y La casa de las dagas voladoras en auténticos tratados sobre el uso de la luz y el color, así como de los decorados, los ropajes y los movimientos a menudo coreográficos de sus personajes.
Antes de que se produzca semejante acontecimiento, el director de Pekín ha vuelto a verter su opulencia cromática sobre La maldición de la flor dorada. Otra historia ambientada en la China imperial en la que, como también sucedía en La casa de las dagas voladoras, se combinan los tonos propios del melodrama con la épica imposible de las cintas de artes marciales.

Zhang, miembro de la Quinta Generación, primer grupo que tuvo acceso en China a la formación cinematográfica tras la Revolución Cultural, cuenta la historia de un emperador (Chow Yun Fat) que quiere envenenar a su mujer (Gong Li), quien le es infiel con su propio hijastro (Jay Chou). Esta oscura trama, que se tambalea en la compleja línea que separa los dramas de Shakespeare de los culebrones, se sucede entre nuevos secretos y conspiraciones de palacio, mientras en el exterior se teje una brutal revuelta emprendida por miles de guerreros envueltos en armaduras doradas.

"He creado un nuevo género híbrido al combinar la poderosa trama y los personajes de una obra dramática del siglo XX, La tempestad, de Cao Yu, con la emoción y el esplendor de un espectáculo de artes marciales de la dinastía Tang, una de las más exuberantes y ostentosas", presume Zhang. La obra de Yu, el mayor dramaturgo chino del siglo XX, gira en torno a una rica familia industrial que se ve abocada a la destrucción física y sicológica por la depravación moral de sus miembros.

Personajes planos

El autor de La linterna roja, a quien le pierde su gusto por la ópera, admite que su mayor problema a la hora de abordar La maldición de la flor dorada fue encontrar el equilibrio adecuado entre el contenido y la forma. Una confesión que coincide con la apreciación de gran parte de la crítica, que tradicionalmente le ha acusado de emplear fuegos artificiales para entretener al espectador, al calor del éxito de Tigre y Dragón, de Ang Lee, un filme que creó escuela y dio una pátina de prestigio al cine de artes marciales.

Algunos le acusan de haber dejado de lado los dramas rurales e intimistas que le dieron a conocer: Sorgo rojo, La linterna roja... Sin embargo, Yimou sigue rodando este tipo de filmes, aunque la distribución española nos los hurte: Riding Alone for Thousand of Miles, filmada poco antes que La maldición , permanece inédita entre nosotros.

Según los críticos, Zhang se perdería en algún lugar de un metraje por el que deambulan personajes planos y maniqueos, aunque sean tan bellos como Gong Li, que luce en el filme un escote de fantasía, y tan enigmáticos como el desmelenado Chow Yun Fat. "La composición visual es de gran importancia para mí", se defiende el realizador. "La película es muy precisa históricamente y refleja el hedonismo y la estética fastuosa de la época".

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