Autor crítica:
ANTONIO WEINRICHTER
El francés Patrice Leconte dio un doble golpe hacia 1990 con "M. Hire" y "El marido de la peluquera", pareciendo que iba a convertirse en parte del relevo a la venerable tradición del cine de autor francés. Desde entonces no ha renovado aquellos laureles, si bien se ha convertido en un agradable cineasta que cuenta historias relativamente excéntricas de obsesiones masculinas, sin darles nunca la mordiente de un Chabrol pero en absoluto despreciables. Sus virtudes asoman en esta película cuya absurda premisa no impide que se acabe ganando nuestro interés. El siempre magnífico Daniel Auteuil, un actor capaz de llevar él sólo a puerto cualquier película, es un marchante de arte que vive tan entregado a su trabajo y encerrado en sí mismo que su ayudante le hace un día una apuesta: seguro que no tiene ningún amigo de verdad, dispone de diez días para demostrar lo contrario. El marchante, un avaro Mr. Scrooge de los sentimientos, se enfrenta al reto de inventarse uno. Por supuesto, el que elige es un pardillo comparado con el elegante Auteuil, lo que plantea un tema similar al de "La cena de los idiotas" (pero no teman, el actor que hace de "idiota" aquí es Dany Boon, bastante más sutil). El resto de la trama sigue un curso predeciblemente "dickensiano" sin incurrir en la farsa bufa ni en el sentimentalismo navideño o de cualquier otra estación, hasta demostrar las virtudes de la buena amistad. Lo dicho, siempre es agradable ver un film francés comercial, como era costumbre que nos llegaran hace años.
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