Autor crítica:
JOSÉ MANUEL CUELLAR
Vale, agradecemos el intento de propagar el pacifismo, de plasmar la estupidez de la guerra (para algunos, que otros bien que se forran con ella) y de hacer un código de buenas intenciones. Está bien, pero ya lo hemos visto. Contados de una u otra manera, la amistad de bandos opuestos y su repulsión por los ideales, unas veces territoriales; otros, idealistas, y la mayoría, económicos, que les llevan a esa situación, son algo que ha sido llevado a la pantalla ya demasiadas veces.
Es cierto, de cualquier forma, que una misma historia, contada de forma diferente, alcanza un matiz diferenciador. Aquí Bowen consigue ese matiz en la llaneza y simpleza de los protagonistas, en el miedo, pavor diría uno, que arrastra a los pobres hombres a una situación absurda, casi patética y en cómo dicho temor los arrastra a una cierta amistad. Un proyecto simpático que no alcanza, sin embargo, excesiva profundidad.
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